Sojourner Truth

«Sé que ver a una mujer de color levantarse para hablarles de (…) los derechos de las mujeres suscita como un resquemor o algo parecido a deseos de silbar. Se nos ha hecho caer tan bajo, a todas nosotras, que nadie pensó que algún día volveríamos a levantarnos; pero ya se nos ha pisado bastante; nos alzaremos de nuevo y, por ahora, aquí estoy yo.

Ese hombre de ahí dice que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carrozas y para sortear las zanjas, y para que tengan los mejores sitios en todas partes. Nunca nadie me ha ayudado a subir a las carrozas o a saltar un charco de barro, o me ha ofrecido el mejor sitio. ¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mi brazo! He arado y cultivado, y he recolectado todo en el granero, y nunca ningún hombre lo ha hecho mejor que yo! ¿Y acaso no soy una mujer? Podría trabajar tanto y comer tanto como un hombre, cuando puedo conseguir comida, ¡y también soportar los latigazos! ¿Y acaso no soy una mujer? Tuve trece hijos y vi cómo todos ellos fueron vendidos como esclavos y cuando chillé junto al dolor de mi madre, ¡nadie, excepto Jesús, me escuchó! ¿Acaso no soy una mujer?”

 

Sojourner Truth

 

Enfrentarse  a la biografía de esta mujer es referir la lucha contra dos de las más oprobiosas lacras de la Humanidad, el racismo y la discriminación de la mujer. Ambas fueron combatidas con éxito por esta frágil afroamericana nacida en Nueva York, en 1797, cuyo nombre inicial era Isabelle Baumfree. Fue una más de las, de diez a treces hijas de  Elisabeth y James Baumfree, esclavos ambos, comprados por el coronel Hardenberg y heredados por su hijo. Nació esclava, por tanto, e hija de esclavos de la hacienda Swartekill.

Los padres murieron cuando la pequeña contaba nueve años de edad. Fue vendida  junto a un rebaño de ovejas y otros animales de granja, según contó ella en una autobiografía manuscrita por su buena amiga Olive Gilbert, por

cien dólares. Calló en las garras de Jhon Neely  este,  a su vez, al cabo de dieciocho meses, la vendió a un tabernero. El trato recibido por sus sucesivos dueños fue despótico, colmándola de golpes y humillaciones. Así cuenta ella una de las numerosas palizas recibidas:un domingo por la mañana, en particular, le dijeron que fuera al granero. Al ir allí, encontró a su amo con un manojo de varillas, preparado en las brasas y atado con cuerdas. Le dio los azotes más crueles con los que la torturaron. La azotó hasta que la carne quedó profundamente lacerada, la sangre brotó de sus heridas, y las cicatrices permanecen hasta el día de hoy, para dar testimonio del hecho».

En 1810 fue vendida de nuevo a un nuevo dueño y pasa a otra propiedad, en donde conoce a un esclavo de una granja vecina. Se llamaba Robert y el amor llamó a su puerta. Ambos se enamoran perdidamente;  Robert pide permiso a su amo para casarse con Isabelle, este se niega a concedérselo porque los hijos de ambos pertenecerían al amo de la mujer y eso no le sale a cuenta. Los amos buscan que sus esclavos se casen siempre con las compañeras de la misma hacienda, de ese modo, los hijos siguen perteneciendo al mismo patrón. Pura procreación capitalista. Robert e Isabelle siguen viéndose a hurtadillas hasta que es descubierto. Robert recibe una gran paliza por parte de  los sicarios de su dueño, tal como describe Isabelle:  «cayeron sobre él como tigres, golpeándolo con los extremos de sus bastones, destrozando su cabeza y cara de la manera más horrible y haciendo que la sangre, que brotaba de sus heridas, lo cubriera. Como una bestia sacrificada»

Isabelle jamás volverá a ver a su enamorado ya que a consecuencia de las heridas, muere poco después de la paliza. Vale más perder a un esclavo que el principio de autoridad, se dirían los amos. Nunca le olvidó, hasta el final de sus días recordó aquel amor juvenil que la crueldad del esclavismo le arrebató.

Tiempo después se casa con un hombre, esclavo también y mayor que ella, con el que tuvo cinco hijos…pero trece partos. Algunos de los hijos de Isabelle, bien podrían ser del amo, ella nunca lo aclaró, más por no hacer daño a sus hijos y establecer diferencias entre ellos, que por si misma.

Durante ese tiempo los aires de libertad comenzaron a soplar por el norte de EEUU, el amo le prometió, a cambio de su fidelidad y del trabajo que realizaba, dejarla libre un año antes de la proclamación de libertad. No cumplió su palabra, al llegar la fecha prometida, la acusó de no haber trabajado bastante debido a un lesión que tenía en su mano y negó lo prometido. Una vez acabado el trabajo encomendado en la finca, Isabelle, tomó a su hija pequeña Sophie, en brazos y salió andando de la plantación (dijo que no quiso correr porque su dignidad no se lo permitía) en busca de la libertad dejando al resto de los hijos con su esposo. Después de mucho caminar encontró a una familia, la de Isaac Waguen,  que ofrecía auxilio a los esclavos libertos, la amparó en su casa y compró por veinte dólares su libertad. En la casa de acogida vivió Isabelle su último tiempo como esclava hasta el siguiente año llegó el Acta de Emancipación del Estado y fue libre de pleno derecho. Tuvo contacto con evangelistas y revelaciones religiosas lo que le acercaron al cristianismo y cambió su nombre por el de Sojouner.

Mientras tanto su antiguo amo había vendido de forma ilegal a su hijo Peter. Le  entregó a un amo fuera del estado, lo cual estaba prohibido, Sojouner, acompañada por los Waguen, denunció el hecho  ganando el pleito y recuperando a su hijito, siendo la primera persona de color que ganaba un juicio a un blanco. Comenzaba así la carrera activista esta valiente mujer.

Tuvo diversos trabajos, como criada, uniéndose a congregaciones religiosas que abogaban por el abolicionismo,  los derechos de la mujer y la abolición de la pena de muerte.

En 1850 está presente en la Convención para los Derechos de la Mujer cuando escucha hablar a unos tipos de la inferioridad de la mujer frente al hombre. La brava Sojouner se levanta, pide la palabra  y dice el famoso discurso que ha pasado a la historia inspirando al feminismo mundial y al orgullo racial de la raza negra. El que encabeza el artículo  preguntando si acaso ella no es una mujer.

A partir de ese momento su fama crece  realizando una enorme labor de concienciación sobre los derechos de las mujeres, la emancipación de esclavos, la abolición de la pena de muerte. Al tiempo, su hijo Peter, embarca en un ballenero, cruzando varias cartas con su madre, hasta que deja de escribir. Al volver el barco a puerto, Peter no está a bordo, nadie sabe qué ha pasado con él. Jamás vuelve a verle.

Durante la guerra de Secesión hace campaña para conseguir que los hombres de su raza se alisten en el ejército con el fin de luchar al lado de los abolicionistas. Uno de sus nietos, James Cadwell, se alistó en el 54 Regimiento de Massachustts. En 1864, se reúne con Abraham Linconl.

Durante la contienda trabaja como enfermera en el hospital Freedman de Whasington, y un día decide subir a un autobús como forma de ejercer un derecho que considera necesario. Es expulsada y tirada a la calle por el conductor, siendo herida en su caída. Sojouner, le denuncia y de nuevo gana el pleito al blanco. Muchos años después esa acción inspiraría a Rosa Parks y a Claudette Calvin en su gesto de protesta. Tal como Calvin afirma: «Sentía como si las manos de Sojourner Truth me hubieran estado sosteniendo uno de los hombros y las de Harriet Tubman el otro.”

 Angela Davis, la legendaria luchadora feminista y antirracista, la reconoce como inspiradora así como toda mujer luchadora en el mundo.

Siguió adelante con su lucha. Fue recibida en la Casa Blanca por Ulysses S. Grant, y poco después intentó votar en una elecciones municipales…No lo consiguió, porque aunque los/as negras habían conseguido la libertad seguían siendo ciudadanas de segunda clase.

También lucho por conseguir que el gobierno federal cediera terrenos para que los esclavos liberados pudieran cosechar tierras propias y vivir con dignidad, pero no fue posible. Era consciente de que solo la libertad no era bastante  para una población sin recursos, que al abandonar las plantaciones y granjas solo contaban con sus manos y un medio hostil para sobrevivir. Hubiera sido una forma de compensar la ignominia de la esclavitud y conseguir una vida digna para la población liberada afronorteamericana.

Durante su   vida no dejó de luchar, a favor de los derechos de su raza, de la mujer, de la mejora de las prisiones, de la abolición de la pena de muerte. Murió estando en su humilde casa de Michigan, en 1883. Su funeral fue un acontecimiento al que acudieron más de 1.800 personas y está enterrada en Oak Kill.

En 1997, el vehículo que caminaba por Marte, enviado por la NASA, recibió el nombre de Sojourner, en honor a la esclava que salió andando de sus cadenas porque si corría perdía la dignidad. Todo un símbolo de la libertad el de esta mujer, esclava, analfabeta y libre.

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1280 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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