UN ÁGUILA EN LA HABITACIÓN 99

Mientras se afeita, el hombre observa a su perro a través del espejo. Percibe algo raro en el animal, que está tumbado de través en el hueco de la puerta del baño, en una postura no habitual, como retorcida. Maldito chucho, qué le pasará ahora. El hombre tiene prisa. Esta tarde ha conseguido quedar por fin con la rubia, los dos solos. Termina de peinarse hacia atrás y pasa por encima del perro hacia la habitación, a por la corbata y la chaqueta.
Titán abre unos ojos tristes al recibir un ligero puntapié. Trata de incorporarse, pero se lo impiden unas garras traseras, enganchadas a su pelo largo de lebrel. Gimotea un poco, está bien educado y no se permite armar alboroto. El hombre gira hacia él desde la puerta de la habitación: «No, tú no vienes, no admiten perros. Tranquilo, chico. Ni se te ocurra hacer ruido, eh». Cierra con llave y desaparece dejando un intenso aroma a colonia en la anodina habitación 99.
Titán gime algo más fuerte. Su amo ni siquiera ha reparado en las extrañas garras que aparecieron anoche en sus patas traseras. Espolones como de águila. A dentelladas intenta desenredar de ellas su largo pelo buscando mejorar la postura. Y quizá levantarse. Quizá poder llegar al cuenco de agua.
Entretanto el hombre ha olvidado por completo a su perro. Muy ocupado con la rubia, convenciéndose de que esta mujer puede ser la definitiva. Está cansado, se siente solo. Y ella parece pensar lo mismo. Al hombre ya no le importa esa relación casi fraternal con Titán, iniciada cuando se le ocurrió comprar aquel cachorro en un mercadillo. Ha olvidado las miles de veces que ha dicho: tú eres mi mejor amigo, mi compañero, contigo no necesito a nadie. Eres el mejor, te llamarás Titán. Desde que trabaja de representante lo deja solo muy a menudo. En habitaciones de hotel, en albergues de animales. Y, en los viajes, el fastidio de tener que buscar lugares donde se admitan perros.
La rubia lo mira: y qué has hecho con el perro. Él parece regresar a una realidad molesta: en la habitación del hotel. La rubia redondea los ojos: te traerá problemas, los hoteles… Él ríe de medio lado: lo tengo bien educado, es de raza. Ella se pone seria: sí, es muy bonito, pero ya sabes, mis alergias. El hombre de pronto parece molesto: lo tengo arreglado, ya verás, no tendremos perro. Se inclina sobre ella y la besa. Para que se calle.
Por fin Titán ha conseguido incorporarse. Las garras arañan la madera del suelo. Sus patas delanteras se van encogiendo, parecen retraerse hacia sus omoplatos. Se mueve con torpeza. En el espejo del antiguo armario de luna se refleja algo insólito: una rara mezcla de perro y ave. Titán quiere ladrar a la imagen, como todo perro que se precie. Pero su largo hocico se va transformando en un pico duro y afilado, del que surge un simulacro de grito. Ahora sí que se asusta. Quiere echar a correr, pero se hace un lío. Tropieza con la mesilla de noche, derribando con estrépito el ordenador portátil, un vaso de agua y la lamparita. Aturdido, Titán trata instintivamente de apoyar las patas delanteras. Entonces empiezan a desplegarse dos grandes alas oscuras que parecen ocupar media habitación. Titán comienza a temblar.
Golpes insistentes en la puerta, voces: Ocurre algo. Abra, por favor.
Desesperado mira hacia la ventana. Como siempre, su amo ha dejado una rendija abierta. Intenta un salto, y al instante, con sorpresa, se ve encaramado sobre el alfeizar. Arrecian los golpes, ahora con ruido de llaves en la cerradura. El fuerte pico empuja para apartar el cristal, que cae en mil pedazos al vacío. En un panorama desconocido para él, la ciudad se abre oscura bajo el cielo rojizo del atardecer.
Otea el infinito y emprende un vuelo lento y majestuoso.
Luisa Horno.
Sobre Luisa Horno 11 artículos
Luisa ha sido bibliotecaria, amante de la lectura porque su padre la inculcó el amor infinito a los libros. Luego la vida se la tragó un rato, justo el tiempo que tuvo de tener tres hijos y una vida vivida y quizá sufrida. Llegó el divorcio, la jubilación y decidió escribir. Hizo talleres y no ha parado, ha ganado el premio Caixa Forum de Relatos. Maestra indiscutible del relato corto...

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