Víctimas sin saberlo

No, no y mil veces no. Se ha virado la crítica de forma que en vez de apuntar a quien debe, se hace contra mujeres. Si ayer, de forma mayoritaria, se criticaba a la escoria masculina del colegio mayor Elías Ahuja, hoy  las diatribas se dirigen hacia las chicas a las que iban dirigidos los insultos. Se las ha calificado de pijas, machistas, cayetanas, consentidoras,  hasta casi alegrarse de la agresividad con que las han tratado. Por mostrar aquiescencia con el agresor y defenderlos.

Lo primero que se me ocurre, al leer los numerosos textos que las acusan, es que hay una ignorancia supina sobre el ser humano. Y sobre la alienación del ser humano en particular.

Si todas/os condenáramos lo que nos sojuzga, queridas mías, viviríamos en el mejor de los mundos posibles, una Arcadia feliz donde no habría esquiroles en las huelgas,  kapos judíos en los campos de concentración , negros apoyando a blancos racistas (¿creen, inocentes gacelillas, que no hay latinos o afroamericanos votando a Trump?) Les recuerdo que todo poder necesita de una masa gregarizada y cómplice para mantenerse. Hemos visto a latinos custodiando la frontera tejana para que no se colara ningún mexicano por ella. He leído y respondido a un mexicano cuando atacaba a los hondureños por “invadir su país” Almas cándidas, si hasta hay población  en República Dominicana que siente aversión y castiga a haitianos hambrientos cuando cruzan la frontera considerando que son culpables de los males que aquejan al país. Por no hablar de los hijos/as de emigrantes españoles que anatemizan a la inmigración.

El patriarcado tiene tanto peso social e histórico que permeabiliza las mentes de las mujeres hasta convertirnos en zombis que no ven(mos) la soga opresora que nos ahoga. El patriarcado hace las veces de secta en donde te exprimen, te humillan, te vejan y golpean pero  te sientes parte integrante de un colectivo que te protege y ante el cual, el sentimiento de pertenencia es mayor al individualista que te indica que sufres, que no puedes más. Hay personas que en algún momento de nuestra vida nos despertamos, tomamos las gafas moradas del feminismo y deconstruimos la conciencia patriarcal con sumo esfuerzo. Seguimos en ello a pesar de los años.

Pediría a todos/as las que critican con saña a las chicas del Santa Mónica, que se pasen o pregunten en un centro de mujeres maltratadas cuántas veces vuelven, de media, las víctimas con su verdugo. Está registrado que son  aproximadamente seis veces… Algunas de ellas,  en una de esas vueltas,   no vuelve, porque es asesinada. Y cuantas permiten que el maltratador se acerque más de lo permitido por el juez.

He conocido un caso, que después de casi treinta años de golpizas, borracheras infames, insultos, vejaciones y violaciones, la pobre víctima marchó a residir con su hija que vivía en una situación desahogada en una casa preciosa del centro barcelonés. Al cabo de unos meses la mujeruca volvió con el maltratador…Sí, volvió a sufrir lo que parecía querer superar. La hija estaba tan indignada que le negó la palabra a la madre hasta que murió pocos años después, imaginamos, que de asco y de la impotencia que produce estar unida por un hilo invisible que ata a la víctima a su maltratador. He conocido a una mujer que llevaba veinte años sufriendo lo indecible, a la que su marido destrozó la casa y su cara a golpes, y al llegar la policía, llamada por los vecinos, el canalla acusó al hijo de lo ocurrido…Al ver al chico esposado, la madre reaccionó y contó la verdad.

No, la historia no acaba bien, porque esa madre perdonó al esposo que tornó a casa con el consiguiente desasosiego del hijo. ¿Era mala madre? Yo les aseguro que no. La madre de mi amiga ¿era imbécil o masoquista? Les aseguro que no. Era una pobre mujer alienada. Como los yonquis, como los alcohólicos, o como las personas que permanecen en una secta. El mismo mecanismo cerebral. No son casos excepcionales, se lo aseguro, podría pasar horas contando otros similares.

Conocer cómo funciona la mente alienada por el patriarcado les llevaría a odiar mucho más si cabe al machismo sistémico que padecemos ¿Cómo será de fuerte cuando consigue convencer a la víctima de que es correcta la vejación, el golpe, el abuso o la violación?

Las personas que juzgan a las chicas, o han tenido mucha suerte en su vida o desconocen en su totalidad como funcionan gran numero de relaciones. No se imagina cuántas veces se cede a una propuesta sexual por no tener discusiones, a veces violentas. Cuántas veces llegamos reventadas del trabajo y hacemos las labores en casa mientras el tipo que dice querernos, despotrica porque no está la cena y en esta casa no funciona nada. Cuantas veces transigimos porque nos han convencido de que “hay que aguantar” “no te quejes que en el fondo te quiere”

Ha sido la gota malaya que ha golpeado nuestra mente durante siglos, milenios, quizá. Y nos han puesto la yunta tan fija que ni nos damos cuenta de que la llevamos.

Las chicas del Santa Mónica, no salen por la ventana a llamar nada a los chicos de enfrente, porque no hay sinónimo de puta para ellos, y el que hay, les halaga. Quizá si les llamaran impotentes, eunucos, o maricones, pudieran ofenderlos, pero no lo hacen. Porque no es tradición.

La tradición ha marcado, como  a las bestias, el lomo femenino para aguantar pasar por debajo de una obra y no inmutarte cuando te gritan que te lo comen todo, que vaya melones o sabe dios qué. La tradición ha conseguido hacer del piropo soez y grosero, prototipo del españolismo, de los celos prueba de amor y del ordeno y mando, forma de entender la masculinidad.

Si ustedes se enfadan con las chicas del Santa Mónica no sé qué harían cuando vieran salir de la mano a una maltratada con su agresor (escuchado a un juez de violencia de género…que nos dijo que tal hecho era frecuente) Ustedes odiarían a las mujeres que están tan sumamente alienadas y victimizadas que no se enteran que lo están.

Les recuerdo que en los campos de concentración los guardianes nazis apenas entraban, permanecían en los aledaños para no contaminarse con la mugre, quienes custodiaban a los presos eran los kapos, gente como ellos que se había alineado con el opresor. Durante el trabajo de investigación sobre el Patronato de Protección a la Mujer, me encontré que todas las víctimas apuntaban como infinitamente más crueles a las antiguas acogidas, que en vez de marchar del horror se reenganchaban como kapos de los centros. Golpeaban y vejaban con la saña cruel que lo habían sido ellas custodiando a las pobres niñas y de esa forma evitaban que las dulces monjitas se mancharan las manos y el alma de crueldad.

Las niñas del Santa Mónica se comportan tal como han sido programadas, defendiendo a los machos del Ahuja, porque son sus machos…sus hermanos, sus amigos y sus novios. Como más adelante defenderán a capa y espada que la violencia machista no existe con un ojo negro, bien maquillado, y un bolso de Carolina Herrera colgando del brazo. O del mercadillo, porque les aseguro que hay maltratadores y machistas en todas las clases sociales y en todos los estamentos culturales y sociales del país.

Por tanto, les pediría por favor que no se equivoquen, las chicas del Santa Mónica son víctimas aunque ellas no lo sepan así que viren sus ojos hacia los culpables. Los que alientan la cultura patriarcal y la violencia machista en todas sus formas.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1307 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

3 comentarios

  1. Psee, se puede estar de acuerdo con muchas cosas, pero tengo un desacuerdo fundamental: los machirulos son (somos) también víctimas del patriarcado. Y no lo digo en broma!!! De hecho, la institución de la culpa (y los culpables) es una parte fundamental de la ideología dominante (patriarcal, por supuesto) y una de las cosas más absurdas y contradictorias q te puedes echar a la cara. Salud

    • Por supuesto, Miguel. No lo dudo, cargar con esa pesadez de ser fuerte, tener siempre ganas, no llorar ni mostrar debilidad ni ternura. Y perderse tantas cosas…pero no olvidemos que en el centro del retrato siempre está la víctima. Hoy, en este momento, las víctimas son mujeres racializadas, pobres del Tercer Mundo…No lo olvidemos. Un saludo y gracias por la aportación

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