Y ahora pinchando

El sano y espoleado patriarcado no deja de sorprendernos  a cada momento. Resulta que determinados personajes del sexo masculino (verán mi corrección lingüística para que ningún ser susceptible me haga un #NoTallMen) salen de casa en busca de diversión aportando a la noche de discoteca, birras y baile, una jeringuilla con no sé sabe bien qué para pinchar a la chica que tengan más a mano con el fin de violar sin resistencia puesto que la sustancia inyectada anula la voluntad. Hay quien dice que solo son gamberros, o malotes, sin más. Porque determinadas personas entienden que es solo cosa de juvenil gamberrada premeditar, adquirir, guardar y sacar de casa algo para anular voluntades y violar.

Leyendo este argumento, tiemblo, porque solo de pensar que un ser humano considere “solo” gamberro al tipo que realiza algo tan sofisticadamente perverso, me parece aterrador. Y me pregunto si los que opinan eso,  tienen hijos y como los educan. Me pregunto, también, un tanto perturbada, qué clase de monstruo identifica la diversión con violar a una mujer inhabilitada para cualquier acto voluntario. No dejo de preguntarme el nivel de sadismo de estos sujetos, porque es evidente que el placer no lo obtienen del sexo sino de la violación previa anulación de la mujer.

Decir que son gamberros, malos chicos, es reducir el delito tanto, que consigue blanquearlo de forma repugnante. Como decir que el doctor Menguele era un tipo al que se le fue la olla un poco. O que los nazis andaban confundidos. No, un gamberro toca timbres de vecinos de madrugada, o da patadas a una papelera cuando ha bebido más de lo justo. O mea en la calle. Incluso podemos considerar gamberrismo tirar del bolso de una señora y robarle el monedero, aunque esto ya pasa al escalón siguiente, el de delito.

Piensen conmigo: un grupo de amigos, queda para ir de fiesta. Además de programar a dónde ir, y con quién, alguien sugiere lo del pinchazo, alguien se encarga de buscar y adquirir la sustancia, prepararla y portarla hasta el garito de turno. Una vez allí, se busca la presa, se acercan taimadamente y ¡zas! Hecho. La manada infame  cobra pieza. A partir de ahí, el despiece.

Las feministas conocemos bien el proceso mental del patriarcado criminal que conduce a estos actos. Siempre dijimos que la violación, la violencia sexual, no es sexo. No se disfruta del sexo violando. Se disfruta  violando. Sometiendo a una mujer a los deseos y la fuerza bruta del impulso animal del hombre. Ese es el placer, el puro sometimiento que se consigue. La fuerza bruta frente a la víctima. Ese placer es el que buscan las alimañas del pinchazo. Someter, vejar, masacrar, humillar y vencer a una mujer.

Una mujer que puede ser más inteligente, que es posible que haya conseguido un puesto de trabajo, o un aumento de sueldo. Una mujer que ha osado salir del ostracismo ancestral que la historia nos sumió por siglos. Una mujer, para los hijos del patriarcado, es una enemiga a batir. Como los que nos gritan feminazis, como los que claman por  quitarnos derechos, como el aborto, y el solo sí es sí.

Son alimañas hijas del patriarcado. Hombres que odian a las mujeres porque en realidad se odian a sí mismos y a su nadería. Son tan débiles que para gozar someten, vejan, humillan y violan. Porque tienen miedo, y una envidia atroz al poder femenino.

Claro que sus características personales me (nos) importan bien poco. Lo que de verdad resulta importante es que el miedo salta de nuevo en zona desconocida porque ¿qué tranquilidad va a tener una mujer que está intentando divertirse ante el sometimiento químico de un pinchazo que no ve? Ya vigilamos las copas, ya mantenemos el ojo echado sobre lo que tomamos si un simpático mozo se nos acerca pero ¿el pinchazo?.

Miedo, más miedo. Represión para que no podamos divertirnos en paz. O vivir en paz. Cuando las jóvenes en las marchas feministas gritan (con gran escándalo de los necios) “sola y borracha quiero volver a casa”  obviamente, no propugnan la borrachera. Lo que se  manifiesta con el slogan es que no queremos tener miedo en ninguna circunstancia ni lugar. Queremos  poder caminar por el asfalto sin sobresalto,  poder volver a casa con una (o decenas) de copas de más, como vuelven ellos. Haciendo eses y tropezando pero sin ataques ni violaciones. Como ellos. Porque si ellos tornan al hogar borrachos, nadie les incordia, nadie les somete a una violación múltiple y les deja sin sentido tirado en un contenedor de basura (no es figurado, cuento algo que ocurrió a una conocida)

Y ahora pinchan. Es decir, más miedo, más contención, más “quédate en casa hija mía, no sea que te topes con una alimaña”  Siguen arrebatando derechos por activa o por pasiva. El derecho a divertirse sin miedo, a abortar, a solo sí es sí.  Derechos luchados con dureza, y que arrebatan a paso de oca.

Claro que luego leemos la condena a los dos policías acusados de violar a una joven (seis meses y un cursito de formación) y al tipo de 63 años que violó a la jornalera (un añito a la sombra y el consabido curso de formación ) y entendemos lo que pasa.

Pasa que los que frivolizan los delitos machistas, son escuchados por las alimañas. Pasa que frivolizando  el abuso, la violencia sexual, la agresión verbal callejera, el machismo en esencia cotidiano, frecuente y fácil, se consigue derretir los escrúpulos de los hijos del patriarcado. No será tan malo cuando es tan poco condenado, se dicen los machotes. Y sacan las jeringuillas entre risotadas buscando la presa.

Frivolizar la violencia machista crea monstruos. No se engañen, a los de la jeringuilla posiblemente les cacen y les condenen un poco, no seamos crueles porque solo son gamberros. A los que frivolizan y descontextualizan el delito sexual no solo no les pasa nada sino que se les corea y aplaude. Y se les vota.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1285 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

2 comentarios

  1. Entraría dentro de lo posible salir una cuadrilla de amigas con un rodillo forrado de lija del 8 para darle gusto allá donde nunca llega el sol al pinchador pillado y se haga una idea de a qué sabe una «relación» ni esperada ni consentida? Sería acaso ilegal por planeada? Sería hacer el juego y entrar en la misma dinámica? Y luego prohíben llevar un spray de mostaza?

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