Carta a Javier Marías (otra de las varias)

Tengo que admitir que llevo tiempo pensando en hacer esto, aunque al ver que su artículo sobre lo disparatado de evitar a las mujeres no trascendía, lo dejé estar. Dejo estar muchísimos artículos del tipo acidez de estómago, se lo garantizo. Aunque al ver cómo el país semanal volvía a publicarlo, desconociendo si es habitual o no que se vuelvan a publicar artículos ya publicados, le diré que va usted provocando.

Cuando leí su artículo pensé que era un diagnóstico equivocado y un intento de convertir a las feministas en autoras intelectuales de las decisiones que toman otros. Seguro que le sorprenderá, pero no es nada nuevo que se culpe directamente al feminismo de todas las catástrofes naturales y sobrenaturales existentes en el planeta tierra.

También se las acusaba de destruir la familia previa aprobación del divorcio, del matrimonio homosexual o de la ley contra la violencia de género. Además de asesinas y maltratadoras por velar por el derecho al aborto.

No es usted el primer detractor del “feminismo de mentira”, del “feminismo moderno” y amante del “feminismo de antes” que sí hacía las cosas bien, porque pedían cosas con sentido, con el suyo concretamente.

Quiero comunicarle que antes de que las mujeres pudieran votar o siquiera poner a su nombre su casa o comprarla sin mediar marido, también había hombres que decían lo que usted dice.

Es importante no guiar la opinión propia por medios de comunicación únicamente, además de indagar profundamente cuando uno quiera afirmar algo tan dañino para un movimiento que lleva décadas interpelándonos de forma pacífica.

Yo he tenido reuniones con muchas mujeres, amigas, compañeras de trabajo. Con muchas de ellas y ¡tachán! con la puerta cerrada. Nunca pensé que me pudieran denunciar falsamente por acoso ¿sabe por qué? porque no acoso, ni me propaso, ni hago ninguna clase de comentario respecto a su físico ¿sabe por qué? porque es una reunión de t-r-a-b-a-j-o.

Y en las reuniones de t-r-a-b-a-j-o se habla sobre T-R-A-B-A-J-O.

El que comunicó que la nueva política de Wall Street era la de no acercarse a ninguna mujer para evitar todo contacto, para no relacionarnos con ellas por si las moscas, para no ser víctimas de denuncias falsas y demás, no fue una feminista, fue Mike Pence.

Mike Pence es un político conservador del partido republicano. Un hombre conocido por sus iluminadas medidas y propuestas políticas.

Este señor no nació ayer, imagino que tiene su propio criterio y no creo que sea víctima de la voracidad del feminismo. Al pobre, no le ha quedado otra que no reunirse con mujeres (como si lo hubiera hecho antes), aunque si lo hace tiene que poner cámaras, dejar la puerta abierta, contratar a un detective privado, asegurarse que hay un juez y no una jueza (por miedo a que sea feminista) y atarse a la silla para poder demostrar en el juicio que no hizo nada.

Debe ser muy duro.

Donald Trump bromeó en una entrevista sobre que Mike Pence quería ahorcar homosexuales. El último se fue de un estadio indignado por una protesta antirracista del colectivo afroamericano, porque consideró que era una falta de respeto al himno, a la bandera y a su nación ¿También es culpa de los afroamericanos el racismo en EEUU? ¿también era una denuncia falsa?

Lo que llevo pensando un tiempo es qué proceso mental lleva a un hombre, al conocer las cifras de la violencia que sufren las mujeres en todo el mundo, a pensar que lo más relevante en todo esto es que los hombres nos cubramos las espaldas con estrategias defensivas ante las denuncias falsas.

De verdad, qué proceso mental siguen. Explíqueme.

No es cierto que la presunción de inocencia no exista en procesos judiciales de esa clase, de hecho la mayor parte de procesos acaban en absoluciones por falta de pruebas y ante la duda, se aplica el principio de presunción de inocencia, y eso no significa que sea falsa la denuncia. Significa que no se ha demostrado que sea culpable, igual que no ha podido demostrarse que sea inocente. Simplemente se presume la inocencia.

Es completamente falso que las “leyes de género” -como las llaman ustedes- sean las que ordenen detenciones por hacer una simple llamada y denunciar. Es completamente falso, las detenciones son competencia de la policía, no de ninguna “ley de género”.

Para continuar, no es lo mismo denuncia falsa que simulación de delito y en ambos casos, está penado. Es tan delictivo denunciar falsamente como simular un delito.

En el marco jurídico español quien acusa prueba. La parte que acusa tiene que probar la existencia de delito y no puede mentir. Sin embargo, el acusado puede o no probar su inocencia y además tiene derecho a mentir.

No es cierto que haya una desproporcionalidad relevante entre las condenas por acoso, maltrato o cualquier delito sexual de hombre a mujer como de mujer a hombre. Es fácilmente comprobable. Hay pequeñas diferencias en los intervalos de la pena en delitos leves, pero nada relevante ni llamativo.

La violencia sexual a las mujeres es bestial. No es una cuestión de casos, es una cuestión de un grave problema estructural de respuesta rápida y urgente y sí, a nivel mundial.

La violencia en el ámbito doméstico es mayoritariamente perpetrada por hombres. Tanto a su pareja, sea hombre o mujer, como a sus hijos e hijas, como a su padre o madre. Toda la violencia en más de un 90% de los casos es perpetrada por hombres. Por no hablar del porcentaje de presos en la prisión. Un 95% de presos son hombres. Por no hablar de los agresores sexuales que son varones en un 99’99% de los casos.

En la Unión Europea, en los últimos 10 años, hubo 2 millones de violaciones. Todas perpetradas por hombres, en su grandísima mayoría a mujeres y un porcentaje pequeño a otros hombres.

Más de la mitad de asesinatos de mujeres son perpetrados por su pareja sentimental. Más del 35% de mujeres dicen haber sido víctimas de alguna clase de violencia psicológica o física. Más del 30% de hombres jóvenes afirma en un estudio que violaría si no hubiera consecuencias penales.

La fiscalía general del estado contabilizó más de un millón de denuncias por violencia de género el año pasado, de las cuales 79 fueron falsas (0’0075%). Además quiero matizar que los jueces tienen la obligación de investigar, condenar y dar a conocer los datos de las denuncias falsas en cualquier tipo de delito.

Las mujeres adultas representan un 51% de trata a nivel mundial y juntando con las niñas, representa más de un 70%. 650 millones de niñas se casaron antes de los 18 años, es decir, menores de edad, con todas las consecuencias derivadas: embarazos prematuros, violencia, dejar los estudios… Como mínimo 200 millones de mujeres en el mundo han sufrido mutilación genital femenina. 15 millones de mujeres han sido forzadas a mantener relaciones sexuales. Un estudio en oriente medio y en África declaró haber entre un 40 y un 60% de mujeres que habían sido víctimas de acoso sexual callejero. Un estudio en Australia demostró que 2 de cada 5 mujeres a partir de los 15 años, participantes en el mercado laboral, había sido víctima de acoso sexual. La unión interparlamentaria publicó un estudio en el que afirmaba que el 82% de las encuestadas parlamentarias había sufrido alguna clase de violencia psicológica. 1 de cada 3 mujeres en España ha sido víctima de acoso callejero, por no hablar de la prostitución, el vientre de alquiler, la pornografía, violencia obstétrica, pederastia y podría seguir hasta mañana.

Si yo le dijera que tiene el 0’0075% de que le toque la lotería, seguramente no confiaría demasiado en que le tocara. Le parecería bastante improbable e incluso se negaría a participar.

La probabilidad de que le toque algún premio de la lotería es del 5% según Miguel Córdoba Bueno, profesor de matemáticas de la universidad de San Pablo, y un 9% de que le toque el reintegro. Por tanto, sí. Nos las creemos porque no hay motivo para lo contrario.

En definitiva, es más probable que le toque la lotería que el hecho de que una mujer le vaya a denunciar falsamente ¿por qué entonces le genera miedo?

Aquí la única exageración que hay es su victimismo y a lo único que le debe miedo es a su ignorancia.

Esto no va del Daesh siniestro, islámicos que ganan batallas en occidente, feministas exageradas y culpables. Esto va de tribuneros patriarcales que utilizan una herramienta de creación para la destrucción, que utilizan un espacio de reflexión para llorar y decirle a las mujeres qué es el feminismo de verdad para que no se pasen con ellos, que utilizan una profesión respetable para vulnerarla cada día con la frente muy alta, la lengua muy larga y la mente muy corta.

Usted no tiene miedo al feminismo, le tiene miedo a las mujeres que no se dejan, que no se callan y que no le permiten su diarrea mental de intelectual superado, porque se piensa que ellas nos van a hacer lo mismo que nosotros llevamos siglos haciéndoles.

Y esto solo es el principio.

Antoni Miralles Alemany

 

 

 

 

 

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