Breve análisis de elecciones varias.

Por un lado un pueblo que suma indolencia al desconocimiento de los derechos ciudadanos. Un pueblo al que se le acostumbró, durante siglos, al silencio complaciente y a que el señor lleva razón siempre. Para eso y por eso es poderoso. Mejor callar y asentir. Un pueblo que visita poco las bibliotecas y se adormece con el canto de la pantalla televisiva. No pregunta. No indaga y no se molesta cuando el poder le pisotea…Aunque se infle de rabia que atruena en elecciones dando su voto al que grita, al que muerde, al que parece más feroz. Sin leer programas, ni escuchar entre líneas.

Por el otro lado una clase política mediocre, que hace de la mentira paradigma sin mayor ocultación. Que explica poco y mal, que se boicotea a si misma lanzando cuchillos al/la compañera sin pudor. Una clase política que patrocina a los suyos y va a lo que va. A enriquecerse como dijo uno bastante sincero. No ha cumplir con un trabajo decentemente, no. Llena la boca de ampulosas palabras que  siempre me parecieron cascaras de nuez vacía: “servicio público” “vocación de servir” “dejarme la piel…” Y tantas del estilo que producen arcadas.

Que no. Que se trata de hacer un trabajo digno, inteligente y honesto. Y volverse a casa con los bolsillos de cristal y sin cargo adjudicado. Hoy, la población tiene el convencimiento de que la clase política son corruptos y negados como pocas profesiones.

La profesionalización política ha traído este sindiós. El proceso comienza en la universidad. Estudiante mediocre, sin mucho futuro  comienza la militancia en las Juventudes del partido  –cualquier partido- La ascensión irá proporcional a la sumisión y capacidad de servir al liderazgo…y no perder de vista al adversario por si en el próximo congreso, gana. Ascendiendo sin pausa y sin desaliento, sirviendo, siendo servil hasta la humillación. Incluso a veces utilizándose  sevicias poco convencionales. Favores,  relaciones familiares, sexuales. Y se va trepando como ardilla alegre en pos del cargo. Cuando se llega a la cumbre se desconoce tanto el mundo exterior que  se ha formado una burbuja de vida hibernada que nada tiene que ver con la realidad.

Es el momento de la foto con mocasines de piel en granja, de pantalón chino para cargar hierba o del abrazo al infante que los/as entusiastas echan en los brazos. Foto selfie con cara feliz enseñando dientes y mano larga para ser estrechada. Algún vituperio cae, que es debidamente maquillado por los asesores que deforman y difuminan la realidad por si no fuera suficiente la burbuja.

Así, con tal bagaje, no podemos extrañarnos de una abstención que devora el ambiente. El liderazgo debe sustentarse en un intercambio de favores, en populismo trasnochado y mentiroso pero efectivo y en un reparto de prebendas entre los de la camarilla.

 

En la izquierda culterana, que empieza pura e impoluta para acabar absorbida por el sistema, deslumbrada por las altas esferas y los alfombrados pasillos del poder pasa algo similar. Se llega a romper. Así, a cascoporro, en el convencimiento de que el mensaje mesiánico es redentor y todo quisque tiene que asumir la razón que supone la entrega del líder o lideresa.

Yo, o el caos. Se dicen los cachorros de la revolución. O el caos y yo, más bien. Sin percatarse que la Revolución de Octubre (cualquier revolución) tuvo un cocimiento lento, cultural, de clase,  con un estudio metódico de la coyuntura histórica y social. Y el momento. Pedir el cielo cuando llevamos una escalera de mano no es fiable. Huele a engaño. Asumir que se puede cambiar el mundo con un 20%, 30% incluso un 40% de votos, es inaudito. Oiga usted, primero convenza, culturice, haga labor de campo, que luego ya veremos si asaltamos los cielos o nos quedamos en una tierra imperfecta pero regida por nosotros. La izquierda es mesiánica. Cada izquierdista que he conocido tenía la verdad agarrada con sus manos presta a rociar las mentes obtusas de la plebe. ¿Democracia interna? según y cómo. ¿Círculos de poder critico? ¡Oh sí! pero solo cuando están de acuerdo con mis razones y suscriben mis premisas al cien por cien. De no ser así, pongo mi bota y disuelvo la disidencia porque soy la VERDAD VERDADERA.

Con estos mimbres salen al ruedo y el rugido de la población –hemos quedado que poco formada, empobrecida culturalmente y sin cultura democrática- vota con la rabia prendida en los dientes. O no vota.

Todo lo cual siembra en el barbecho del fascismo que recogerá los frutos de la desesperanza con el ansia del hambriento. Una vez dentro de las garras de esa feroz ideología, que dios nos coja confesadas, porque la vuelta atrás será dura y sangrienta.

Los barbaros llegan en caballos salvajes, ponen cadenas y se quedan. Para echarlos hace falta mucha sangre porque ni los votos ni  la paciencia son suficientes.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1280 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

1 comentario

  1. No se puede estar más acertada en el análisis. Efectivamente sin culturizacion y educación, no adoctrinamiento, no vamos a ningún sitio

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