Carnaval

Este año he tomado la firme decisión de disfrutar los Carnavales.
Época fiestera, de callejero jolgorio y compartires en grupo, de tararear coplillas exorcizando males sociales e ironizando sobre lo no permitido.

Y ya tengo mi disfraz.
He considerado oportuno tirar el añejo de otras temporadas, el disfraz de buena persona.
He decidido atreverme a ver mi sombra y pasearme con el nuevo de soy simplemente persona.

Con el anterior gané algunos premios pero llevarlo a diario me provocó un cansancio inmenso.
Fatiga de presencia, atención, explicaciones y visitas extendidas de más en el tiempo a vidas ajenas que no me interesaban genuinamente.

Me supuso estar en un no pero sí pero no con lo dañino, sin poner límites.
También vivir en cierta superficialidad y apariencia.
Además ha sido un atuendo complicado ese disfraz porque me impedía sostener que el otro se enfadara conmigo, me dijera no o directamente no me apreciara.
Si el disfraz de buena persona lleva la máscara del sí puesta, cómo no dolerse ante el no gustar.
Estar disfrazada de buena persona conllevaba un esfuerzo estéril por hacerme entender en ocasiones y por conservar mi imagen.

Así que arrumbado queda en el cajón de lo que ya no te pones ni usas.
Es probable que lo abra ocasionalmente para observarlo y acordarme.

Pero ni lo utilizo de nuevo ni lo regalo.

Este año no salgo en la chirigota de «las más estupendas de la pandilla» pero intuyo que me diviertiré mucho.

Casi lo aseguro.

María Sabroso.

Obra del colectivo Brest Brest Brest.

Sobre María Sabroso 63 artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

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