Doña Susana

Hasta hace cuarenta y ocho horas yo era Joselito. Ya sabéis, Joselito el ruiseñor de las cumbres o el pequeño ruiseñor.
Joselito, cuando se hizo grande, perdió la voz. Pues yo, lo mismo. Me he hecho grande y me quedé sin voz. Hasta hace cuarenta y ocho horas en que fui a doña Susana.
Andaba yo sin voz y andaba muy, muy amusgao. Porque  voy a presentar en el Café Comercial el libro «Baluartes y Violines « de Manuel López Azorín, con prólogo de Félix Maraña. El libro ya ha sido presentado antes en la Biblioteca Marcos Ana por Rafael Soler. Vaya tres, Rafa, Marcos y Manuel. Yo tenía un pie ya en el uber para la gozada literaria y no pudo ser. La que me perdí.
Ahora me toca a mí y gracias a doña Susana podré estar. Porque tenía pensado pedir disculpas por la voz de pito de Franco, pero no hará falta. Después de más de dos años de otorrinos, laparoscopias, resonancias y toda la pesca, vengo al pueblo, doña Susana me escucha, da la vuelta a la mesa con el diagnóstico y el tratamiento en la cabeza, me toca los pómulos, la frente, la cara por si duele, y ya está: llevo cuarenta y ocho horas sin miedo a Joselito y con la voz de Pavarotti. O casi, que tampoco hay que exagerar. Por aquello de la edad mayormente.
Si digo doña Susana, con su juventud, es por respeto heredado de nuestros mayores. El mismo respeto que deberían tener los barrabases por la sanidad pública. Y sobre todo por los médicos y las médicas rurales que nos salvan.
No tengo mucha esperanza en esta llamada. Los barrabases han tomado carrerilla con las prohibiciones y cada vez se parecen más a La Camila. Ahora, en cuanto han aterrizado en el ayuntamiento de Toledo, han prohibido «Infamia», la obra de mi compañera Lydia Cacho. Llevaba dos años representándose en toda España, tiene dos premios en los Max, pero ha sido llegar a Toledo y de ahí no pasa.
Una cosa hay que reconocerles a los barrabases: que no engañan. Ellos niegan el maltrato a la mujer, Lydia ha escrito sobre el maltrato a la mujer, luego Lydia no existe.
Estoy escuchando a mi manager. Porque yo estoy macanche pero mi manager sigue a mi lado. Pues mi manager me dice a la hora de la siesta: otra vez haciendo amigos ¿no?
Tiene razón. Yo quería dar noticia de doña Susana ( que no nos falte), de la casi heroica labor de los médicos rurales, pero se me fue la cabeza.
En Santa Inés somos así y yo no tengo cura.
Valentín Martín.
Sobre Valentin Martín 52 artículos
Valentín Martín estudió Magisterio y Humanidades en Salamanca y Periodismo en Madrid. Ejerció la enseñanza dos años y el resto vivió de escribir. Ha escrito 25 libros. El número 26 es un poemario llamado Santa Inés para volver (Versos de la memoria), que recoge la historia de sensibilidades de su pueblo. Periodista, escritor y poeta, ha publicado en la última década libros de relatos como La vida recobrada o Avispas y cromosomas; el ensayo Los motivos de Ultraversal y los poemarios Para olvidar los olvidos, Poemario inútil, Los desvanes favoritos, Memoria del hermano amor, Estoy robando aire al viento, Suicidios para Andrea y Mixtura de Andrea. A caballo entre los años 60 y 70, escribió dos poemarios y dos ensayos: Veinte poetas palestinos y El periodismo de Azorín durante la Segunda República, inicio de un largo trabajo dedicado a la literatura. En Lastura ha publicado en diciembre de 2017 el libro de crónicas y relatos Vermut y leche de teta.

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