El problema eres tú

Los que hablan de ofendiditos no tienen un problema con “la protesta” en sí, que también. Porque muy fácilmente se pueden autoproclamar defensores de la libertad de expresión al tiempo que criminalizan una protesta. Generalmente siempre son los mismos, personas con poder parcial o total que entienden que la libertad de expresión debe ser cómoda y que, como todo en la vida, tiene que aventajarles. Cómo os atrevéis.

El problema no está en los linchamientos, que en realidad suelen ser bastante proporcionales al alcance del que dispongan (que es lo que les da de comer). Tampoco es problema que la libertad de expresión te dé o no ventajas en la vida. Ni tan solo es un problema de criminalización de la protesta, que es la consecuencia derivada y directa, tan preocupante como inmoral, pero no es el punto.

El problema está cuando todo nuestro sistema de creencias se basa en la aprobación de los demás. Es decir, el problema es tuyo. No del que te dice que tu música, pintura, libro o cualquier otra creación no le gusta, sino de cómo te impacta.

La diferencia entre antes y ahora es simplemente que hay más vías de acceso a todo el mundo. Hasta a mí me pueden encontrar si quieren y no soy nadie. Imaginad a David Bisbal.

El problema real está en que un “ME ENCANTAS” impacta emocionalmente distinto a “TE ODIO”. No hay un problema de odio o si lo hay es el mismo que hubo siempre. Si mi abuela, cuando miraba el único canal que había en la tele, se tenía que cagar en alguien ¿qué hace? ¿le manda una carta? Ahora que lo pienso pues al igual alguno lo hizo.

Simplemente no existía la proximidad que existe ahora. El alcance es mayor, todo el mundo puede estar sujeto a ello. La diferencia es que los poderosos siempre estuvieron muy aislados. Podían decir, hacer y deshacer lo que les daba la realísima gana. Nunca nadie les cuestionó. Y un cantante cuando se subía al escenario solamente recibía el calor de su público y sí, alguna burrada debían escuchar, pero poca cosa.

Y quizás el problema está en sus barreras para asumir críticas, en la elasticidad de su resiliencia que les ayuda a recibir los golpes y especialmente, la montaña de privilegios en la que muchas personas se han sentido muy cómodas durante mucho tiempo en la que eran considerados simplemente perfectos.

No es una cuestión del positivismo de “fíjate solamente en lo bueno”, “pasa de lo malo”, “están aburridos”, “es envidia”, “lo dicen sin respeto y pierden la razón”, “sé feliz“, los famosos haters y las críticas constructivas.

No se trata de obviarlos o de crear barreras de papel de fumar. Se trata de obviar a todo el mundo. Es tan poco creíble y relevante el que te ama sin condiciones como el que te odia con la misma intensidad. Además las críticas constructivas se dan en el proceso de creación, no después, porque sino no son críticas ni constructivas, son reproches. Y para eso hay que acompañar a las personas, no dejarlos solos ante todo y luego darles una puñalada.

El sistema de creencias de uno debe basarse en la aprobación de uno mismo y yo no digo que el apoyo no sea necesario, pero el apoyo no es aprobación, es secundar incluso sin estar de acuerdo.

Así que el problema eres tú, no el que ejerce su libertad de decir lo que le da la gana, sea uno solo, veinte o veinte mil.

Antoni Miralles Alemany

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