Envejecer o envilecer

Créanme si les digo que he buscado algo correcto para definir lo que les voy a contar y falta de léxico o ingenio por mi parte, que todo puede ser porque no he encontrado nada que defina con exactitud lo que pretendo expresar.

Yo, de joven aborrecía la cocina, el mercado, las compras alimentarias,  vamos, lo que viene siendo el avituallamiento del hogar. Miles de años de patriarcado pesaban sobre mis hombros y consideraba estas tareas un papel adjudicado por el falso concepto del género. Con los años me he dado cuenta que me relaja pulir mi casa, me gusta cocinar y no lo hago mal y por nada del mundo me pierdo mi mercadeo semanal para escoger pimientos, tomates de huerta y pescados del día. Lo disfruto mucho sin menoscabo de mi feminismo que sigue rozando el radicalismo como siempre (mal que les pese a las que se arrojan el derecho de dar carnets) Lo que ha ocurrido es que con el tiempo una ha ido deshaciéndose de estereotipos y sale el verdadero yo. Y mi yo, se ve que era un poco marujo.

En tiempos juveniles, y no tanto porque llegaron casi hasta la cuarentena, mis fines de semana, comenzaban el jueves y terminaban entre risas y abrazos el domingo por la tarde cuando nos reuníamos las  golferas para comentar las jugadas nocturnas vividas en el fin de semana. Vestía brilli-brilli, llevaba el pelo cortado a tajo y rayas negras en la nuca mientras los ojos se pintaban con humo y  nubes grises que daban intensidad a la mirada. Minifalda y ceñido todo al cuerpo. Pasé muchas horas subida a tarimas de discoteca bailando tal que si el demonio llevara tiempo residiendo en mis adentros.  Con los años recibo la amanecida con los ojos abiertos intentando atrapar lo soñado en el último momento (no saben los relatos que han salido de ahí) o leyendo la prensa digital en mi móvil. Madrugo, nado y hago gimnasia matinal con gusto. Sigo siendo noctámbula porque creo que eso viene de serie pero ya desde el hogar y las horas me suelen recibir con libro, película o serie de interés. Si me proponen cenar o salir de copas la pereza me invade hasta inocularme un no por respuesta casi siempre. Evolución lógica creo yo. Viví los coletazos de los ochenta y los noventa con intensidad por lo que salvo momentos, la nostalgia no me acolecha demasiado. Evolución lógica, creo yo. Al fin una entiende que con los años nos volvemos más sabias (poco o mucho eso ya depende de la genética o de la predisposición) nos moderamos en el sentir y quizá nos arraigamos en las creencias y motivaciones vitales. Además de que con un mínimo de sentido común intentamos no hacer el ridículo. Cosa importante, al menos para mí.

Hay personajes que han envejecido con sabiduría y mesura ejemplar. Saramago fue  buen ejemplo, cumpliendo años en aviones, dando conferencias, recibiendo honores escribiendo como penado, siempre con la mente lúcida intentando mejorar el entorno. Delibes se marcó El Hereje en la  senectud y bastante enfermo lo cual me parece el colmo del genio. García Márquez, lucía la hermosa sonrisa de los justos hasta que la razón se le quebró teniendo el pudor de no mostrarnos su decadencia. José Luis Sampedro nos dejó su lucidez en análisis inolvidables pasados los ochenta. Camilo José Cela, fue de viejo el mismo crápula faltón y prepotente que de joven pero no se le fue el ingenio ni se trasformó en nada humillante que no lo hubiera sido de antes.

Podría seguir poniéndoles a ustedes ejemplos durante buen rato pero les dejo que recuerden a gente que sigue el sesgo que apunto.

Cuesta envejecer, se lo aseguro. Es más, envejecer es una gran putada que la naturaleza nos hace, lo que consuela o apacigua el enfado , es que la alternativa es peor. Pero cuesta. Me cabrea lo más grande cuando escucho lo bonito que es tener arrugas, lo chulo y aceptable que las tetas se disparen hacia el suelo y el culo se desperdigue por los pantalones. Por no hablar de la artrosis o los mil dolorillos que nos sorprenden al despertar o a lo largo del día. No, no hagan caso a las coach modernas. Envejecer es fastidioso. Pero como bien decía Serratlo que no tiene es remedio”

Lo que ocurre, y ahora llego al meollo, es que hay personas que envejecemos y otras se degeneran o  envilecen ante el mundo provocando  amargura al contemplar la degeneración . Se amargan y se arrugan hacia sus adentros sacando, sin el pudor juvenil, las pequeñas o grandes mezquindades y  vilezas con las que, posiblemente, nacieron pero disimularon durante su   años jóvenes y madurez. Usaron la brida que pone la corrección social haciendo mimetismo con un entorno del que no querían desmerecer. Pero…¡ay dolor! con los años las bridas se soltaron y salen esos yoes que nos espantan.

Ejemplos puedo darles unos cuantos. Seguro que a esta altura del artículo en su mente de lectoras/as inteligentes, han surgido varios. Sí, Javier Marías fue uno de ellos (no se me soliviantes sus fans, ya le hice panegírico, estoy hablando de su persona no de su obra) Pérez Reverte es otro y de alcurnia. Ese reportero juvenil gafapasta y poco atractivo que se asomaba entre humo y bombas en el Telediario se nos ha convertido en el Cuñao Mayor de España. Oigan, cada vez que abre la boca suelta un nuevo top en cuñadísmo absoluto.

Pero para mí, no se para ustedes, el rey de este mambo de  envilecidos, el rey absoluto por derecho propio es ni más ni menos que don Mario Vargas Llosa.

Que decirles que no sepan. Miren, yo soy rendida admiradora de su obra. Hasta el Nobel, después sus libros se me han caído de las manos por ñordos y mediocres. Antes, de eso, creo que ha sido uno de los más grandes literatos de  entre los grandes. Leer Conversaciones en la Catedral me enseñó a escribir, a estructurar una novela a crear personajes, a diluirlos en la nube de la alta literatura, a contar desde dentro sin perder perspectiva externa. La Guerra del fin del mundo, me explicó el fanatismo heroico, la crueldad suma de gente normal llevada al paroxismo, hasta retorcerme el alma de puro dolor. Pantaleón y las visitadoras me hizo reír hasta contraerme el estómago (todo el libro es pura incorrección, ya lo sé, pero ¿quién dice que la literatura debe ser correcta?) La ciudad y los perros me subyugó allá por los albores de mi juventud haciéndome pensar que ese era el oficio al que yo (pobre mendruga) quería entregarme.

Escuchándole en entrevistas entendí lo que un día confesó Rosa Montero al ser preguntada quién era el más inteligente de sus entrevistados. Respondió que Vargas Llosa porque decía cosas que ella no compartía en absoluto pero de forma tan brillante que la deslumbraban. A mí también.

No, no me voy a meter con su pareja y con su vida personal, entre otras cosas porque buena estoy yo para criticar en ese tema. Tenían que haber visto ustedes a alguno de mis novios. Material de derribo, talmente.

Pero que el señor Vargas Llosa, con esa mente que tiene realice, un discurso alabando y dando vaselina al ser más inane de la creación en los tiempos que padecemos…Que el señor Llosa, aplauda y diga que doña Isabel Díaz Ayuso, más conocida por IDA, es lo más de lo más, me hace pensar que al señor Vargas algo grave le pasa en el intelecto.

Se puede ser de derechas, claro. Se puede admirar a imbéciles totales, desde luego. Pero oiga, decirlo en alto con cámaras y micrófonos desde el púlpito que da ser premio Nobel y adalid de las letras hispanas denigra un poco. O mucho. Hace dudar de toda la obra. Hace pensar en ¿Quién fue el que escribió los libros firmados por él? ¿Quién era el que dictada las sapientes respuestas en entrevistas? Hace dudar de todo porque admirar a una tipa inane hasta la frivolidad, incapaz de articular discurso si no se lo deletrean, buena en escupir insultos e insensateces y mala hasta firmar los Protocolos de la Vergüenza que condenó a miles de ancianos a una muerte cruel  y no pedir perdón por ello, me hace dudar de la lucidez de don Mario. Claro, que leído su libro El pez en el agua, una entiende que aunque don Mario sea un genio literario nunca escogió bien compañía política. El caso que cuenta es en Perú cuando se presentó fallidamente para ser elegido presidente. Luego se disculpó y en el libro reconoce el error de juntarse con depende qué personajes…Se ve que no aprendió bien la lección y reincide en errores.

 

Me pregunto muchas veces, cuando siento tanta vergüenza ajena al leer o escuchar a Vargas, ¿Qué diría el Varguitas de antaño de este tipo tan patético que alaba a mediocres ultraderechistas que en el fondo le desprecian y no han leído ni una sola letra de sus escritos?

A buen seguro ese Varguitas, guapo y alicaído que tomaba el café y mantenía conversaciones en La Catedral y lloraba los desprecios de los crueles compañeros del Leoncio Prada, le daría la espalda y le respondería la consabida y usada frase de ¿Cuándo se jodió Varguitas, don Mario?

 

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1307 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

3 comentarios

  1. Qué buena radiografía de la realidad , qué bien ilustrado , hay que ir abriendo los ojos_más_ y desenchufando
    . Y pensar, vivir es pensar y vivir . Un abrazo cómplice

  2. Me ha encantado tu artículo y como no voy a estar de acuerdo contigo en los perfiles que describes. Una pena, sí, de Vargas Llosa.

Deja un comentario