Eusebio Cortezón. Crónica de un crimen impune.

Hoy, 7 de Diciembre de 2020, aniversario del crimen,  rendimos tributo a Eusebio Cortezón, Matilde Mier, María Cortezón, Luisa  y al resto de sus hijos y nietos como a todas las víctimas inocentes de una guerra que nunca debió ser.

Santander. Cantabria.

 

Amigos cercanos que conocen mi pasión y dedicación por la Memoria me acercan la historia trágica de una familia del pueblo  donde viven. Encienden el interés, de por si  prendido, y me entrevisto con dos de sus nietas.  De ese primer contacto , al que han seguido mails, con otra nieta residente en Francia, preguntas, lecturas, fotos y emociones variadas ha salido esta pequeña historia que solo quiere integrar la gran historia de una España ninguneada, de una Memoria colectiva que pretendemos recuperar para contarla  y que   sirva de lección a las próximas generaciones. Estamos obligadas a recordar, sin un ápice de rencor pero con el orgullo de pertenecer a la familia que luchó y murió por la libertad.

La primera sorpresa fue encontrarme a un hombre, Eusebio Cortezón, militante del POUM en una (entonces) provincia de Santander en que las diatribas políticas de la izquierda quedaban un poco lejos. Partido Socialista, CNT y un breve pero prolífico Partido Comunista eran los que, según mis noticias, se  habían repartido la tarta izquierdista del Frente Popular santanderino. El partido de Azaña algo  recogió en la cosecha de las elecciones de las 36 pero pocas cosa. La política estaba polarizada como en el resto de  España con una derecha irredenta y conservadora que se había puesto en pie de guerra al unísono con el resto del país.

¿Un poumista en Cantabria? me pregunto con curiosidad. Pienso -al leer algo de lo escrito por Eusebio compruebo que no voy desencaminada- que se trata de un hombre singular, de alguien que en su momento se hizo preguntas más allá de la militancia ciega, tan típica de los tiempos que corrían. Recordemos: año 36, elecciones que gana el frente izquierdista por poco margen de votos, golpe de Estado en Julio y posterior guerra. Cantabria, entonces provincia de Santander, ha quedado unida por débil cordón al frente norte, junto a Euskadi y  Asturias…el resto es zona fascista (me niego a llamarla zona nacional) El frentismo que se vive en nuestra provincia es hasta cierto punto lógico, se trata de defender la República y pocos escrúpulos se oponen a la urgencia. Lejos de mí negar determinados desmanes que se produjeron durante el año de la guerra: quema de iglesias, ataques a derechistas recalcitrantes conocidos…Todo ello debidamente magnificado por la propaganda de posguerra.

Eusebio debió conocer el enfrentamiento que  había en el movimiento comunista mundial, aunque fuera moscovita se irradiaba por el resto de la comunidad ideológica que conformaba la III Internacional . La revolución de los pueblos, frente a la idea stalinista de cercenar la ideología internacionalista para ceñirse a la URSS. Su reino,su corte que acepta el poder absoluto y tiránico del sátrapa al que se oponen unos cuantos encabezados por Trotsky.

Las primeras noticias de este viraje ideológico puede deberse a una estancia en Ortuella, y un trato cercano con Dolores Ibarruri, entonces aún no era Pasionaria sino solo una aguerrida mujer con pico de oro, según contaba Matilde la sufrida esposa de Eusebio a su nieta, Olga. Se desconoce el motivo de la estancia en Ortuella de la familia Cortezón, integrada ya por tres vástagos de los siete que la formarían.

Matilde cuenta que conoció a Eusebio en un baile en La Cavada, donde se miraron, comenzaron a bailar y ya no pudieron separarse hasta que balas asesinas los desgajaron. Temblaba la sonrisa de Matilde cuando, con sus noventa años, refería a los nietos que la vida con Eusebio, mientras duró, fue totalmente feliz. “Vivía en un paraíso sin darme cuenta” Fue un amor intenso. Un fuego que permutó una vida que pudo ser feliz durante muchos años. Cuenta Olga, que la vieron muchas veces sentada en la cama construida por las manos artesanas de Eusebio, sacar de algún fondo oculto una cajita, dentro contenía papelines finos, arrugados y viejos con letra apretada. Eran las cartas que Eusebio la envió desde la cárcel, que Matilde gastó de tanto leer a lo largo de su vida.

Años más tarde del encuentro en La Cavada, en pleno auge del Frente Popular, en un pueblecito cercano a Santander , Eusebio es  vice alcalde de Astillero, se plantea la disyuntiva. Ha sido cenetista, pero algo le separa del anarcosindicalismo…Quizá el afán organizativo de los comunistas en los tiempos que corren o las miras a un futuro más proclive a un comunismo libertario. Nunca lo sabremos pero al hacerse preguntas opta por un partido casi desconocido en su tierra, el POUM, que era una mezcla variopinta de anarquismo y trostkismo, encabezado por Andreu Nin, vilmente desaparecido, todo apunta que a partir de su detención en una checa. Hubo un momento que desde Astillero se ofreció al exiliado Trotsky asilo y protección. .

Eusebio publica diversos artículos en la prensa local que demuestran la enorme talla de teórico político.  Hay testimonios  que avalan esta percepción de respeto y categoría intelectual, que me trasmiten sus nietas. No tiene estudios porque tuvo que trabajar desde niño. Aprendió a leer y a escribir durante el servicio militar, pero se había cultivado. Inteligencia natural que encontramos en muchas biografías de la época. Sus artículos tienen valor y una  semántica coherente.

Durante unos pocos meses tiene que ejercer de alcalde porque el titular  se ausenta de Astillero, mientras eso ocurre no abandona su taller de ebanista. Eusebio es un gran artesano de la madera. Casi un artista, me cuenta orgullosa una nieta. Aún conservan muebles salidos de sus manos. Pocos porque la mayoría fueron esquilmados por los vencedores que además de matar, robaban hasta los enseres más íntimos. Tiene siete hijos y una esposa, su adorada Matilde. Hay que trabajar mucho porque los tiempos son duros por lo que comparte el trabajo en el taller con las de obrero cualificado en  Campsa. Aún  saca tiempo para la revolución proletaria. Para liberar a los trabajadores y a los parias de la tierra. Conciencia de clase. Orgullo de trabajador manual. Pensamiento activo y crítico. Un tipo interesante, me digo. Muy interesante.

El cerco  se va cerrando sobre la conservadora Cantabria (provincia de Santander, entonces)  Tropas italianas (Corpo Truppe Volontarie) con apoyo de la aviación alemana cercan por el sur a la ciudad. La Brigada Navarra de Requetés y batallones  moros conforman al ejercito atacante, todos al mando del general Dávila que es el jefe del frente Norte desde la muerte de Mola, con 90.000 efectivos. Las tropas fascistas bombardean sin piedad Reinosa ya que el objetivo es la fábrica Naval que proporciona armamento al ejército republicano. Poco a poco se cierra el garfio de forma que el día 26 de Agosto entran en la ciudad una amalgama de tropas italianas, moras y navarras (las menos).

En el Archivo de Salamanca se guarda una misiva de Eusebio, que desesperado, escribió días antes de la derrota porque intuye lo peor, pidiendo a la Federación Comarcal de la CNT que saque a su familia del pueblo. No hay respuesta. O no llegó a tiempo. Aún sin la ayuda de organizaciones, la familia pueden embarcar en un barco que huye del puerto santanderino en un rocambolesco viaje que luego referimos.

Eusebio se queda. Es detenido porque vecinos del pueblo le denuncian…Sus nietas conocen los nombres, han vivido  al lado de los delatores, conocen a los descendientes, de algunos son amigas. Me piden por favor que no publique los nombres. Sienten respeto por los descendientes de los causantes de la detención del abuelo. Los aprecian, no quieren abrir heridas. Me quedo pensando en la nobleza de una gente que ha sufrido tanto y no quiere revancha, solo levantar los ojos y sentirse orgullosas de su abuelo con  voz y  palabra. Algunos nos acusan de revanchistas, de mantener un rencor incívico.  Que lección de concordia dan estas sufridas mujeres que han visto su vida lastrada por ser nietas de un fusilado. De un fusilado rojo.

Es conducido  a la Prisión Provincial de Santander, en la calle Alta y en juicio sumarísimo se le condena a muerte. Es una pantomima de juicio, donde no pueden demostrar ninguna de las acusaciones que se le hacen. Algunas son tan peregrinas que le sitúan asesinando a alguien mientras comía o estaba trabajando. Se le condena por rojo, sin más. Como a tantos.

Mientras tanto la familia que ha huido por mar en un viaje que nos relata Luisa Cortezón, con palabras que desgarran reflejando el hambre, miedo, la soledad en un mar embravecido hacinadas en un barco donde falta todo. Luisa, en un escrito que muchos años después realiza, cuenta el hambre, el frío y el miedo de las familias huidas. La madre, Matilde y los hijos que son, María, Felicidad, Elena, Luisa, la más joven, después tres chicos más pequeños, Eusebio, Wolney y José Luis llegan a Gijón sin mayores agasajos de la población asturiana que harto tenía con sus problemas. Se les conduce a Lieres donde les recluyen en espera de repatriación y exilio. Salen del pueblo un día en busca de destino seguro en otro barco apretado de gente y cuando piensan estar a salvo porque  han entrado en aguas francesas el terrible barco fascista, Almirante Cervera los apresa con artes de piratería marítima. No hay ley para los fascistas. Falangistas armados, entran en el barco de los huidos, matan a un teniente republicano herido que viaja con ellos. Un tiro en la sien y acaban el problema. Algunos huidos también caen con tiros cercanos, sus cuerpos son tirados al mar. Allí descansan.  La familia Cortezón tiene suerte y es trasladada al Almirante Cervera,  retornan a Santander, para entonces ya en manos fascistas.

Una vez en casa, el empeño de Matilde por liberar de la muerte a Eusebio es titánico. Llama a puertas que conocen a su marido. Una de ellas la del ingeniero de Campsa, Alvear. Eusebio, le ha salvado la vida dos veces cuando milicianos han venido a buscarle por su adscripción a la derecha y al empresariado de Campsa.  El entonces vice alcalde  le arrebata de las manos de la muerte. Cuando Matilde clama piedad, Alvear responde:

Los amigos de tu marido, los izquierdistas se quedaron con mi coche-

Alvear, ¡por Dios! Comparas un coche con la vida de mi marido. Tú sabes que te salvó dos veces, que es honrado y jamás hizo nada de lo que le acusan-

-Da igual, Matilde. Me robaron el coche…-

Alvear es muy religioso, le imaginamos después de la entrevista con la dolorida Matilde, que iría a misa, posiblemente comulgara con paz en su conciencia.

Matilde con el desaliento tiñendo sus ojos sigue buscando avales para salvar a su Eusebio, mientras sus siete hijos y una nieta que le ha nacido, languidecen de hambre. La pequeña nieta, que Matilde mece y canta, quizá para intentar acallar sus penas, y el hambre de la pequeña. Años terribles en los que no hay piedad.

No hay piedad para el vencido. Nadie les vende pan, los impiden coger agua de la fuente, incluso  vuelcan las garrafas si se han podido llenar. Tiran piedras a sus ventanas. Los vecinos, los heroicos vecinos de un pueblo que se ensaña con los vencidos. Ante ello, Matilde se revuelve de rabia pero dice a sus hijos: “no somos como ellos. Somos mejores porque jamás haríamos lo mismo”

No hay pruebas que acusen a Eusebio, quizá las idas y venidas de Matilde hayan causado fuerza porque se le conmuta la pena de muerte en Octubre de 1938. Ante la alegría de Matilde, un guardia de la prisión Provincial de Santander, le  comenta con sorna : “no te esfuerces, no va a salir con vida de aquí. Está condenado”.

Hay que llevar comida a la cárcel, lavar la ropa del preso. Desde Astillero a Santander hay casi diez kilómetros que se hacen a pie, tanto la esposa como los hijos que se turnan. Un interventor de tren se apiada de ellos y algunas veces los deja subir sin pagar. No todo el mundo es impío…se dirá Matilde. Hoy sus descendientes se preguntan con frecuencia ¿Cómo fue posible que llegara hasta casi los cien años? Quizá porque el espíritu y el amor de su Eusebio la acompañó siempre.

Sin hacer caso de  la conmutación de pena es sacado de la prisión la madrugada del 7 de Diciembre de 1938 . Junto con otros condenados le suben al camión de la muerte y en lenta procesión llega al cementerio de Ciriego, cava su fosa junto a los compañeros y es asesinado. Tiene entonces 44 años, siete hijos y una esposa. Los contrincantes políticos del pueblo de Astillero con quien Eusebio se batió en las elecciones no han perdonado la derrota del obrero leído. Las fuerzas vivas no perdonan derrotas. Quizá le mataron por eso, por venganza de su inteligencia y carisma.

Hoy yace entre cientos  de compañeros de ideología y muerte en la fosa común del cementerio de Ciriego en Santander. Durante muchos años no hubo lápida ni recuerdo, tan solo las manos anónimas de su mujer y quizá de alguna de sus hijas o hijos depositan con miedo flores en lo que suponen es su fosa. Las flores del miedo que eran arrebatadas por los que custodiaban el odio del cementerio.

La vida sigue en Astillero. Ha llegado la victoria, dicen. En la casa de los Cortezón lo que llegó fue el miedo, el silencio y el hambre. Son siete hijos los que hay que sacar adelante. Son hijos de un fusilado rojo, a Matilde la vida se le nubla definitivamente  cuando le comunican el asesinato de Eusebio. El dolor traspasa a todos pero su carácter resolutivo, vivaz puede con todo.

Un velo de silencio se impone en el hogar proscrito. Tanto que las nietas me cuentan que cuando preguntaban por el abuelo, se les respondía: “murió en la guerra” Frase que cubría el crimen porque las niñas pueden hablar, contar en la escuela cosas que escuchan en casa. El miedo se respira y se mastica, el silencio es el único camino. Los delatores, criminales que no empuñaron el arma pero sí la intención, están en el pueblo al acecho, todos los días se encuentran con las víctimas.

Son años duros en los que los pequeños Cortezón pasan hambre, no tienen luz (el ingenio de  Wolney  hace conexiones a la general y les salva a veces) Son humillados hasta el paroxismo.  Cuando la noticia del crimen trasciende al pueblo, algunas vecinas se atreven, de madrugada, a pasar por la casa para dar el pésame.  Matilde no lo olvidó nunca, quizá como salvavidas para aferrarse a la humanidad. No todos son cobardes. No todos se revientan de revanchismo y odio. No todos, pero casi.

Así eran los enemigos y la venganza en el tiempo de plomo de la postguerra. Por eso, quizá, ahora, sus nietas,  no quieren recordar a  sus descendientes. No quieren sacar el rencor, las vilezas  a las que sucumbió  gente normal. Nos lo explica bien  HannaArent con su teoría de la banalidad del mal. No son  psicópatas los que destruyen la vida, es gente normal que obedece órdenes, que tiene miedo y por eso ampara el terror con indiferencia. No empatizan con las víctimas arrimándose  al poder impelidos por la miseria…o la cobardía.

Los delatores victoriosos, son los nuevos poderosos del lugar, porque Roma sí paga traidores. Hizo falta mucho tiempo, demasiado quizá, para saber la verdad, para ir recuperando la Memoria de la familia Cortezón y a la vez el orgullo de saberse hijas y nietas de un gran hombre: Eusebio Cortezón.

 

No acaban los dramas de esta  familia con el fusilamiento de Eusebio. Una de sus hijas, María   Cortezón Mier es también denunciada por los notables vecinos del pueblo,  Vega Gorostegui y Carlos San Emeterio (estos nombres son públicos y reconocidos en la denuncia guardada y  que tengo en mi poder).

Los probos ciudadanos,  denuncian a la brava María porque es marxista, dicen en la denuncia:

“Peligrosísima enfermera voluntaria durante el dominio rojo, pertenecía al Partido Comunista (ojo, con un padre trotskista es poco probable, pero bueno no pidamos sutilezas a las fuerzas vivas…) hacía propaganda de esas ideas e insultaba a las personas de derechas con mucha grosería habiendo faltado el respeto a los denunciantes, siendo además hija del hombre más malo del pueblo ¿? a la sazón Eusebio Cortezón”.

María Cortezón es internada en el Grupo Escolar Ramón Pelayo, una de las numerosas cárceles habilitadas por el fascio. Acusada de comunista, declara que perteneció  a la CNT (que tendrá que ver el anarcosindicalismo con el PCE, pero sigamos) que ingresó como enfermera para incrementar sus ingresos ya que siendo modista no ganaba mucho.

Da igual, es condenada,  de nada valen sus escritos de auxilio. La Falange confirma que “sí, fue enfermera roja, puso sus esfuerzos en beneficio de rojos y era entusiasta de las ideas rojas, actuó en obras de teatro, postulaciones…en beneficio rojo. Total, que es una elementa de cuidado” Todo literal, como puede ser consultado en los documentos de la condena. La Guardia Civil afirma que es izquierdista, extremista y propagandista del Frente Popular…y más falacias por el estilo.

Carlos San Emeterio confirma su denuncia durante el juicio y cuenta al juez que la susodicha ha comentado en el pueblo que él, “es un fascistaIgnacio Vega Gorostegui la acusa de todo lo anterior, además de que “vendió ¡muebles de su padre! cuando la hicieron depositaria de los mismos al ser fusilado. Que era roja y ¡oh! delito mayor: hija de Eusebio Cortezón.

El Consejo de Guerra del 13 de Diciembre de 1937 la condena a 12 años de prisión. Poco después, piadosos ellos, se le rebaja la pena a seis años y un día que cumple en el terrible convento prisión de las Oblatas. En 1941 sale en libertad provisional.

Me cuentan las nietas que era guapa, elegante como pocas. Altiva y serena, de carácter templado, no tuvo hijos pero todas sus sobrinas pasaban largas temporadas con ella. En una ocasión, ya casada y aficionada al fútbol, caminaba pomposa con altos tacones por la grada del Campo del Racing. Ignacio Vega Gorostegui, a la sazón, sentado,  en una grada inferior, tenía la mano posada justo a la altura de su tacón…La buena de María,  clavó con garbo y fuerza esa mano traidora hasta hacerle saltar con el grito. María siguió andando como si no hubiera pasado nada.  Su marido, extrañado, la recriminó: “María, has pisado a ese señor, ni tan siquiera le pides perdón…” La sonrisa de María debió brillar como una estrella ante el alarido del soplón.

Otra de las hijas, cuando no pudo más, entre morirse de asco o pena en un país convertido en sepultura, huyó a Francia. Luisa Cortezón, salió de su casa para volver en pocas ocasiones. Siempre llevó en su corazón el amor a la tierra, a su familia y una devoción por el padre asesinado que aún teniendo casi noventa años, le hacía gritar en sueños llamándole. Y llorar con su recuerdo. Wolney, el hermano que hacía milagros con las conexiones de luz, marchó al servicio militar tornando enfermo, sin un pulmón. Había pasado múltiples enfermedades  pero pudo recuperarse y vivir una buena vida a pesar de todo. El resto ha sobrevivido en la ciudad donde nacieron con el silencio y los recuerdos  pesándoles como losa amarga.

Esta es parte de la historia de una familia. Parte de una historia ocultada y proscrita, que ni los más cercanos conocían porque la postguerra y el tiempo que siguió en silencio veló la verdad. Fue tanto el miedo inoculado por el fascismo que las víctimas callaron. Las hijas de las víctimas soportaron humillaciones, vejaciones, ser rapadas, fregar iglesias, tomar aceite de ricino porque no solo se les mataba, había que humillarles hasta lo más hondo. Y nada mejor que las mujeres para humillar al vencido. Por eso, la familia Cortezón, y tantas otras callaron y siguieron al lado de los traidores con los ojos bajos pero el corazón encendido sabiendo que su padre era un hombre digno, que había más dignidad en una uña de  su familia que en toda la caterva fascista.

María Toca©

 

Dedicado con todo respeto a la familia de Eusebio y María Cortezón y todos sus descendientes que me confiaron parte de su historia. Nunca sabrán la emoción y el respeto con  que leí todo lo aportado.

Agradecimiento profundo a Chapi Canales y a Amaya  Carracedo por ser, de nuevo…y espero que más, ángeles reveladores de grandes historias. Gracias, amigas.

familia Cortezón en el Memorial por los fusilados de la Libertad, Ciriego, Santander

 

*La fecha del 19 de Agosto, consta en los papeles de la condena, pero es probable que se trate de un error de transcripción ya que la entrada de las tropas fascistas lo hicieron el día 26 de Agosto, por tanto es improbable que fuera juzgado siete días antes. Pensamos que se trata del 29 de Agosto, la fecha correcta. Así como tampoco tengo seguro las fechas del fusilamiento, en unas consta el año 37 y en otras el 38.

 

Sobre Maria Toca 946 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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