Gertrud Bell

La mujer que traemos hoy a nuestras páginas nace en plena era victoriana en Durham, Inglaterra. Nieta de un potentado industrial, Isaac Lowthian Bell e hija de Hugh Bell que incrementó la fortuna y los negocios familiares hasta convertirse en uno de los empresarios más poderosos del hierro en el Imperio Brtánico, que es como decir del mundo. La fortuna familiar es muy grande, destacando desde muy niña por su inteligencia superdotada. Los primeros estudios los cursa en el Instituto Queen,s College, para pasar posteriormente al Instituto Lady Margaret Hall de la Universidad de Oxford donde  se licencia con honores en Historia Moderna. Es la primera mujer en  realizar estos estudios.

Además de ser  extremadamente inteligente y culta, muestra una personalidad  independiente, nada que ver con el estilo de mujer que prima en la sociedad victoriana. Ni es dulce, ni sumisa ni tan bella como para que sus “inconvenientes” fueran perdonados por lo que encontrar marido no es una opción fácil. Tampoco tiene intención, Gertrud Bell,  de convertirse en una dama convencional. Su padre, ante la insistencia de Gertrud, la envía a visitar a parientes que tiene por el mundo. El ministro británico en Teherán, es Frank Lascelles,  primo del señor Bell  enviando a la joven Gertrud a visitarle  cuando cuenta con 24 años. Corría el año 1894.

Cierto es que Gertrud se había enamorado y emprendido una relación con el joven Henry Cologan, un vizconde   que aun siendo aristócrata está arruinado y tiene deudas de juego por lo que el señor Bell  prohíbe el matrimonio. Volvemos a remitirnos a la sociedad victoriana, sin permiso paterno no es posible contraer nupcias, además Gertrude adora y respeta a su padre y jamás osaría contradecirle.

La madre murió cuando ella tenía solo tres años y la nueva esposa de su padre fue como una madre para ella, teniendo lazos familiares  fuertes que durarían toda la vida. Se profesaban un gran amor además del respeto que sentía por su familia.

El dolor de perder el amor la contraría lo suficiente para buscar en las aventuras del viaje consuelo. El joven enamorado, parece que sufrió peor suerte. Pescando cayó al río (se dice que pudo ser un suicidio) y murió.

Cuando Gertrud visita Teherán queda deslumbrada por la cultura y todo lo concerniente a Oriente. Decide estudiar, primero persa y luego árabe, aunque confiesa que ese idioma la resulta difícil por tener sonidos que son imposibles a la pronunciación occidental. Durante su vida consigue dominar a la perfección ocho idiomas además de varios dialectos tribales para comunicarse con las diferentes tribus que encuentra a su paso.

La fascinación por el mundo árabe y por la aventura que supone viajar descubriendo parajes increíbles prende en ella para no abandonarla jamás. A lo largo de su vida recorrerá el mundo dos veces, será escaladora de enorme valor subiendo a las cumbres más peligrosas con un valor suicida…y ropaje femenino victoriano, lo cual hace la gesta casi inverosímil. Será arqueóloga destacada descubriendo la fortaleza de Ugaidir que se encontraba a cincuenta kilómetros de Kerbala. Al encontrar esta maravilla cometió el error de  hablarlo con otros compañeros arqueólogos que corrieron a buscar el lugar y publicar el hallazgo…obviando que una mujer, Gertrude Bell, había sido la primera en llegar.

Comienza el consiguiente ninguneo de la extraordinaria y singular mujer. El arabista francés Louis Mas­signon había publicado en la Gazette des Beaux Arts una reseña sobre el sitio. Aun así, ella presentaría los planos inédi­tos del castillo en su siguiente libro, Amu­rath to Amurath, donde se  mezclan la antropología y arqueología.

En sus viajes queda embrujada, como tantas personas, por el desierto.

Levantarse al amanecer en el desierto es como despertar en el corazón de un ópalo. Mira el desierto en la primera mañana y muere, si puedes”, dice en una de las  innumerables cartas que envía a su familia a lo largo de su vida viajera y que será publicadas más tarde. Impulsada por su madrasta edita su primer libro de viajes: Persian pictures. En el van fotografías que ha comenzado a realizar de los sitios que visita y que serán más de 7000 a lo largo de su vida. Aunque regresa a Inglaterra cada vez le cuesta más abandonar los mundos que ha descubierto y que la han atrapado.

En uno de sus viajes por Oriente Medio, en el año 1909,  la presentan a un joven veinteañero de carácter difícil, con ansias aventureras y una atracción por Oriente tan grande que más tarde le definirá. Gertrude Bell, la solitaria y visionaria aventurera encuentra a su alter ego en aquel jovencito. Comienza una amistad maternal y protectora por parte de ella y admirativa por parte del joven que es nada menos que  T.E. Lawrence, el que más tarde sería Lawrence de Arabia.

La figura de Gertrude Bell ha sido considerada subsidiaria de la de Lawrence siento al revés. Gertrude ya tenía enorme experiencia y cientos de miles de kilómetros recorridos por desiertos, tribus arábigas y zonas inexploradas cuando Lawrence comienza su andadura, quedando subyugado por la experiencia de la mujer, por lo que es totalmente injusto el papel secundario que se le da a Bell en las hagiografías del arabista famoso.

Lawrence es ayudante  de D.G. Hogart, cuando poco después la frágil estabilidad mundial se rompe al comenzar la I Primera Guerra Mundial que  cambiará para siempre varios imperios y conformará un nuevo mundo en el que tanto Bell como Lawrence tienen mucho que aportar. Para bien o para mal.

Los viajes de Gertrude Bell se realizan sin obviar que es una señorita prototipo del Imperio Británico. Viaja con porteadores, lleva un enorme equipaje con grandes baúles donde van lujosos vestidos de todo tipo, para coctel, cenas, paseos, también sombreros y calzado que combinan con los vestidos y los momentos del día o la noche.  Hasta lleva en su equipaje una bañera portátil, un escritorio con papel lujoso y plumas con las que escribir sus impresiones y la larga correspondencia que mantiene con su familia.  Porta siempre consigo una cámara de fotos con la que va plasmando sus aventuras. Es sorprendente verla cabalgar con sus enormes faldas o disponer de una lujosa cena en pleno desierto con vajilla y cristalería palaciega así como con manteles de hilo. Gertrude Bell es aventurera y aguerrida pero jamás dejará de comportarse como una británica de clase alta.

También sorprende en ella siendo como es, la incomprensión que siente hacia el movimiento sufragista, llegando incluso a formar parte de un movimiento antisfragista. Considera que la falta de cultura de la mujer la incapacitan para el voto y para tener derechos, sintiéndose ella, diferente al resto de mujeres, casi como un hombre en cuerpo femenino. Hace un manifiesto anti sufragista y siente un larvado desprecio hacia las esposas de sus compañeros de aventuras así como de los militares. Quizá lo que menosprecia Gertrud Bell es la debilidad a la que el patriarcado somete a la mujer. La repele el papel que se obliga a  interpretar a  las mujeres, y lo hace extensible a las personas en vez de entender que es un condicionante social que las esclaviza.

Durante uno  de sus  viajes conoce al militar Dick Doughty-Wylie, aventurero e inteligente como ella con el que comienza una amistad y camaradería que pronto deriva en un amor total. Ambos se aman y se admiran, pero Dick está casado y las fuertes convicciones sociales le impiden divorciarse de una esposa que, además, amenaza con el suicidio si es abandonada. Gertrude y Dick viven su apasionado amor con cartas maravillosas, aventuras, viajes y una sola noche en la que permanecen juntos pero sin mantener más que una apasionada y platónica relación que no llegará a consumarse por la honorabilidad del militar al que su fidelidad a un matrimonio falso le mantiene atado. Esa noche que pasan juntos en solitario será recordada por ambos como la cumbre de la felicidad absoluta y les acompañará durante su existencia. La de Dick, será corta puesto que muere en el desembarco de Galipoli en la I Primera Guerra Mundial, dejando a Bell en completa desolación.

No se deja amilanar por el dolor, tal como hizo en su primera decepción amorosa recurre a la aventura para solventar el mal de amores. Gertrude Bell, intenta alistarse en el ejercito como asesora, pero no se lo permiten por lo que se hace voluntaria de Cruz Roja.

Winston Churchill conoce y valora las andanzas y conocimientos de Bell, por lo que la llama junto a Lawrence  para que asesoren a los británicos conforme la guerra finiquita y se acerca un nuevo orden mundial en el que los británicos pretenden ensanchar sus ansias imperialistas.

Bell conoce palmo a palmo los países del antiguo imperio otomano, ahora destrozado y cuyos restos pretenden repartirse las grandes potencias. Traza las coordenadas de lo que era la antigua Mesopotamia y ahora se pretende Irak durante  siete meses. Conoce bien las diferencias tribales, culturales y étnicos del territorio.

Desde El Cairo, en 1915, trabaja con el general Gilbert Clayton reencontrándose con Lawrence y trabajando codo a codo con él. Durante el tiempo de la guerra realiza tareas de espionaje a favor de la corona británica, para en 1919, finalizada la guerra realizar el informe sobre el desmantelamiento del imperio otomano y realizar la organización de  Mesopotamia. Sus tareas como espía y formadora de personal para trabajar a favor de los intereses británicos es importante, siendo la formadora de Phil Kirby y quien le formó en las tareas de espionaje.

Al termino de la guerra, cuando hay que conformar el nuevo orden mundial, Gertrude Bell, realiza un informe preciso y respetuoso, hasta cierto punto -no olvidemos que era hija del imperio británico y devota de sus intereses-  fiel con la idiosincrasia de la zona. Su superior en la cadena de mando A. T. Wilson ignora el  dossier porque lo considera poco apto a los intereses del imperio.

Gertrude Bell ha visto mucho. Aun siendo incansable y vital, considera que Irak debía abarcar las zonas ricas en petróleo del Kurdistán, las fértiles tierras bañadas por los ríos Tigris y Éufrates y garantizar la salida al golfo Pérsico (de gran interés para la India). Para ello incluyó en las lindes la región norteña de Mosul, de mayoría kurda; la zona central de Bagdad, de mayoría suní; y al sur, Basora, de mayoría chií; regiones donde también había y hay minorías de yazidíes y de cristianos. Este «equilibrio impuesto» de etnias, entre las cuales se privilegió a los suníes, y la decisión de impedir un estado del Kurdistán independiente, por el hecho de ser una zona rica en petróleo, pero sin considerar a la población kurda (que nada tenía que ver con los árabes), siguen hoy pesando sobre la memoria de Bell. Y sobre la geopolítica internacional actual.

1921: Members of the Mesopotamia Commission, set up to discuss the future of Mesopotamia at the Cairo Conference. Included in the photograph are Gertrude Bell (second from left, second row), T E Lawrence (fourth from the right, second row),Herbert Samuel, 1st Viscount Samuel (left of Churchill) and Winston Churchill (centre front row). (Photo by General Photographic Agency/Getty Images)

Como decimos, su idea no es aceptada y se confirma un país, Irak, cuyos problemas han trascendido hasta la actualidad, partiendo del poco respeto y conocimiento de quienes conformaron los nuevos mapas y fronteras con cartabón y escuadra en despachos lejanos, sin conocimientos de la zona, tan solo pensando en los intereses de la metrópoli, más aún, en los intereses de los capitalistas del imperio. Churchill, que la conoce y valora su talento y conocimientos la llama para participar en la Conferencia de El Cairo, siendo la única mujer entre todos los hombres que la formaron.

El  cansancio hace decir a Gertrud Bell, cuando los años avanzan lo siguiente en una carta a su madrasta: «Habíamos prometido un Gobierno árabe con asesores británicos, y hemos establecido un Gobierno británico con asesores árabes»

La mujer que ha sido llamada por los árabes Jatum (mujer  de la corte que mantiene ojos y oídos abiertos) y es respetada por reyes, jeques y gente del desierto ha visto mucho. Ha contemplado las matanzas que turcos han realizado en la población armenia. Ha visto vender a las mujeres y niños/as armenias como esclavas y asesinatos infames. Por lo que intenta apaciguar la zona, para lo cual aconseja a las potencias occidentales imponer monarquías hachemitas.

El rey Feysal será elegido (por Occidente, Feysal ni era ni conocía el país) como rey de Irak por ser sunnita, en detrimento de los chiitas, mayoritarios de la zona pero que Bell considera fanáticos religiosos…y de ahí han partido muchos de los desastres posteriores que siguen amenazando la paz.  Será  Bell quien  informa al nuevo rey de las características de su reino que son totalmente desconocidas por él.

La dama del desierto, la Al Khatum, de los árabes está agotada y decepcionada. Decide emplear las pocas fuerzas que le restan en impulsar el Museo Arqueológico Nacional de Irak, con piezas recabadas por ella y más que recopila, en un intento de que los tesoros de la zona no sean expatriados a Occidente.

Tristemente se realizó un vergonzoso expolio del Museo que quedó destruido en 2003 con la invasión norteamericana de Irak donde las tropas del imperio yanqui no supieron respetar ni los objetos de arte del museo ni la memoria de su fundadora aunque parece que se ha reconstruido, nos tememos que muchos se perdieron ante la rapiña de las tropas americanas.

Cuando Gertrud Bell, está próxima a cumplir 58 años, sufre una pleuresía, le comunican la muerte de uno de sus hermanos y se siente debilitada. La fortuna familiar se ha reducido considerablemente y su mundo parece desmoronarse.  La mujer poderosa, atrevida y valiente ve como sus fuerzas flaquean y siente que su tiempo ha caducado.

Sus ultimas cartas enviadas al padre y a la madrasta denotan cansancio y agotamiento vital. Lo último que escribe es  a su amante , también casado… Ken Cornwallis,  pidiéndole que en caso de que le ocurra algo, se encargue de cuidar a su perro Tundra…No será respondida porque el 12 de Julio, de 1926, un día de sofocante calor, la doncella de Gertrud al ir a despertarla a su habitación, pronto tal como le había solicitado la noche anterior, la encuentra profundamente dormida y ya no despertará. A su lado está un bote de somníferos vacío. La dama del desierto ha decidido morir cuando y como ha querido.

Gertrude Bell ha llevado a fin su vida en el momento que ha considerado oportuno demostrando hasta el final que era ella la que manejaba su tiempo. Le faltaban solo dos día para cumplir 58 años.

La historia ha ninguneado a uno de los personajes más fascinantes del sigo XX. Se hizo una infame película en la que apenas se cuentan sus aventuras, tan solo hablan de su desdichada vida amorosa. Pensamos que quizá esas relaciones pasionales y desdichadas fueron otra de las opciones de Gertrude Bell, que de haber querido ser esposa y madre o una mujer tradicional,  le sobraba capacidad para lograrlo. Su talento y arrojo la impulsaron a otro tipo de vida, llena de aventuras, experiencias increíbles y también hay que decirlo, posibles, por la enorme fortuna familiar.

Gertrude Bell con sus luces y sombras merece un puesto relevante en la historia.

María Toca Cañedo©

 

 

 

 

 

 

Sobre Maria Toca 1282 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

Sé el primero en comentar

Deja un comentario