Josefina Rodríguez Aldecoa.

 

 

En el rompecabezas no encajo unas piezas con otras. Salto de la posada a la escuela. El primer día tenía preparado un discurso pero no me salió. Únicamente dije: “¿Quién sabe leer?” Y un niño menudito y rubiaco dijo: “Yo”. “¿Y los demás?, insistí.  «Los demás no saben“, contestó él. ”Si supieran no estarían aquí…“ ”¿Dónde estarían?“, pregunté estúpidamente. Y él sonrió lacónico y dijo: ”Trabajando“.

Josefina Rodríguez Aldecoa (Historias de una maestra)

 

 

Quizá fue predestinación porque Josefina Rodríguez Álvarez, conocida más tarde como Josefina Rodríguez Aldecoa era hija y nieta de maestras. Nació en La Robla, León  el 8 de Marzo de 1926 cuando casi daba comienzo el siglo XX con sus convulsiones que azotaron su vida al poco de comenzar.

La abuela le ponía cuentas y lecturas siendo Josefina muy niña, para estimular su inteligencia y propiciar los conocimientos que necesitaría en la escuela. Allá en La Robla,  a la sombra de un nogal en la casa familiar. Además de las maestras en la familia  tenía un abuelo materno librepensador, republicano y ateo que complementaba su formación. Tanto la madre como la abuela de Josefina habían mamado las teorías krausistas sobre la enseñanza y seguían las enseñanzas de la Institución Libre de Enseñanza. Con nueve años, Josefina ya había leído Los Miserables y Mil y una noches, entre otros muchos libros.

A los diez años marcha a vivir a León con dos tías maternas que ya estudiaban allí, a cursar los estudios de Bachillerato, con esas dos mujeres  y en los años treinta, Josefina  convive con la libertad y el feminismo republicano. Será muy importante en su formación la convivencia con estas mujeres durante el tiempo en que el soplo de libertad e igualdad sopló por la península. Pronto se quiebra el oasis, llegamos a 1936 estallando la guerra y cortándose de raíz los derechos de las mujeres. Josefina continua sus estudios al tiempo que la guerra siega las esperanzas españolas. A pesar del ambiente plomizo de la postguerra,  consigue fundar ,junto a un grupo de amigos la revista de poesía Espadaña. Son años oscuros, de hambre, privaciones y poca libertad en donde la literatura forma un pequeño escape al que asirse como huida social.

En 1944 llega a un Madrid, que tal como describe  Dámaso Alonso, era la  ciudad de un millón de muertos. Muertos vivientes que sobreviven a contrapié de la dictadura, la escasez y el hambre. Estudia en la Complutense y conoce a los que formarían parte de lo que será la explosión literaria de los años cincuenta. Ignacio Aldecoa, Luis Martín Santos, Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre, Ana María Matute, Rafael Azcona. Viene a continuar los  estudios de Filosofía y Letras, carrera que ha cursado su primer curso en           Oviedo. Junto al grupo de jóvenes que paseaban su desesperada vista sobre el solar hispano, conforman el grupo literario de la generación de los Cincuenta, combinando el antifranquismo silenciado por el miedo con unas formas literarias descarnadas y desnudas de oropel porque ¿Cómo combinar la literatura con el miedo, el hambre y la carencia cultural de esa España que salía a trompicones de una guerra cruel?

Continua estudiando Pedagogía siendo la primera promoción de después de la guerra en licenciarse, poco después realiza su doctorado, con la tesis: El arte del niño, que le fue publicada.

A la generación de Josefina se les llamó la Generación de la Berza, con el desprecio de lo que no se entiende. Se les acusaba de hacer unas obras tristes, aburridas, oscuras…pero ¿Cómo hacer florituras literarias en la época que vivían? Las obras de los autores que reflejamos son fieles al momento que se vive estando, además, atenazados por la censura que apretaba cualquier texto con las normas de la dictadura.

En 1950, Josefina marcha unos meses a Londres, para pasar un tiempo en una residencia feminista, ejerciendo las tareas domésticas para poder convivir y empaparse del movimiento feminista inglés. Fue una gran experiencia que luego retrató en la novela La casa gris, manuscrito rescatado de un cajón del trastero de la casa familiar por su hija Susana, décadas después de haberlo escrito.

Durante su tiempo de estudiante conoce al que sería el gran amor de su vida, Ignacio Aldecoa, conformando una pareja hermosa tanto de vida como literaria. La realidad sigue siendo dura, hay que pagar las facturas y la vocación de enseñanza que tenía Josefina se materializa creando, junto con su socia Rosario Correa, un colegio en la colonia del Viso, en Madrid. El colegio Estilo.  Traslada al centro sus conocimientos y formación liberal, lo conforman  a modo del un colegio ingles. Los valores krausistas, y de la Institución Libre de Enseñanza son puestos en práctica conformando un oasis en la docencia española. No hay libros de texto, no se memoriza y el aprendizaje es a base de experimentación. Los niños/as dibujan y  estructuran sus propios libros de texto. Y no se habla de religión…en pleno franquismo, lo cual tenía gran mérito. En el colegio Estilo, los valores de libertad, igualdad,  laicismo y  democracia son enseñados a los hijos de la progresía madrileña que decide llevar a sus hijos al centro que dirige Josefina para intentar formarlos al margen del franquismo.

En 1969 a Josefina Rodríguez se le parte el corazón al morir su amado Ignacio, con solo 44 años y un futuro literario prometedor. No dudamos que de haber seguido vivo, hoy sería uno de los  puntales del panorama literario español. La muerte de Ignacio la apartó de la literatura, como si al faltarle él su fuelle se hubiera quedado sin fuerza. Dedicó su todo su tiempo a la enseñanza tomando el apellido del marido. En adelante firmó como Josefina Rodríguez Aldecoa.

Había publicado poco, pero no fue hasta 1983 en que torna a realizar un texto, Los hijos de la guerra, donde intenta reflejar a  su propia generación. En 1990 llegaría la celebrada Historia de una maestra.

Josefina Rodríguez Aldecoa tuvo una doble vocación, la literatura y la enseñanza, creía que la tarea de formar ciudadanos/as era de suma importancia y a ello dedicó la vida.

Al jubilarse se refugió en Mazcuerras, Cantabria, en sus últimos años, tierra que eligió para renacer y vivir su último tramo vital. Muere en ese mismo pueblo el 16 de Marzo de 2011. Su hija siguió al frente del colegio Estilo hasta que en 2019 tuvo que cerrar ahogado por la crisis y el abandono del alumnado.

La obra de Josefina pervive y es inolvidable.

María Toca Cañedo©

 

 

Obras:

  • 1960)   El arte del niño
  • (1961)   A ninguna parte
  • (1983)   Los niños de la guerra
  • (1984)   La enredadera
  • (1986)   Porque éramos jóvenes
  • (1988)   El vergel
  • (1988)   Cuento para Susana
  • (1990)   Historia de una maestra
  • (1994)   Mujeres de negro
  • (1996)   Ignacio Aldecoa en su paraiso
  • (1996)   Espejismos
  • (1997)   La fuerza del destino
  • (1998)   Confesiones de una abuela
  • (1998)   Pinko y su perro
  • (1998)   El mejor
  • (1999)   La rebelión
  • (2000)   El desafío
  • (2001)   Fiebre
  • (2001)   La educación de nuestros hijos
  • (2002)   El enigma
  • (2004)   En la distancia
  • (2005)   La casa gris

 

Sobre Maria Toca 1223 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

Sé el primero en comentar

Deja un comentario