La droga

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Escucha amiga.
No hay nadie, ninguna persona, ningún ser humano que sea adictivo.
Ni sus besos, ni su piel, ni la interacción erótica mutua, ni su forma de reír, ni tan siquiera cómo abraza, su cuerpo, su supuesto carisma o su mente brillante.
Nadie, absolutamente nadie, supone una droga narcótica que anule tu voluntad.
Lo que funciona como empalme y acople, lo que te vuelve una recluta sumisa de la «divinidad» es la dinámica relacional insana.
El refuerzo intermitente, un me acerco lleno de amor y planes y me alejo, el te dejo con el deseo de presencia, caricias o escucha insatisfecho, la violencia psicológica sutil, la violencia física explícita y los niveles de cortisol por las nubes, los reencuentros pasionales cada quince días tras el desastre.
Nadie, absolutamente nadie, es el latido más fuerte que tu corazón, el aire que respiras ni una medicina orgásmica.
Desprovisto del poder de manipular, en pijama y a tu lado en el salón queriéndote bien, ese señor es cacao caliente en día gélido y no un semidiós que exhala oxígeno medicinal, con una cohorte de amantes disneicas jadeando detrás.
Buen día, otro día desenganchadas.😉
María Sabroso.
Sobre María Sabroso 101 artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

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