Maria Callas

Una ópera comienza mucho antes de que el telón se levante y termina mucho después de bajarse. Empieza en mi imaginación, se convierte en mi vida, y se mantiene parte de mi vida mucho después de volver a casa.”

María Callas

No sabríamos decir si la mujer mató a la artista o fue al revés, pero el destino quiso que la gran María Callas que había encarnado como nadie todas las tragedias de las operas viviera una de superior calado.

Nace María a los cuatro meses de que la familia integrada por  Evangelia Dimitriadis y  George Kalogeropoulos, y otra hermosa hija llamada Jackie, lleguen a EEUU emigrando desde la Grecia natal. Le ponen los nombres de  María Anna Cecilia Sofia Kalogeropoulou. Es  el dos de Diciembre de 1923 y es Nueva York, donde la Divina abre sus ojos al mundo.

Poco antes ha muerto un hermano, la madre rota de dolor busca que otro nuevo hijo sustituya al anterior. Al saber que  nació una niña, dicen que no quiso verla en cuatro días. La pequeña María crece gorda, miope, desgarbada, sin ningún atractivo mientras la hermana Jacky (nombre premonitorio) se convierte en  una belleza.

La madre había sido una cantante frustrada por falta de talento, comprende enseguida que el “don” del arte, de la voz está dentro del cuerpo nada agraciado de María, en vez de en su querida Jacky. El desprecio y la falta de amor que demuestra Evangelia por María hieren de forma aguda a la pequeña. Años después confesaba que jamás se sintió amada por esa madre cruel, que la llamaba gorda, y la ninguneaba de forma constante. Una herida profunda que trató de paliar a lo largo de su vida, sin conseguirlo.

El padre es farmacéutico de profesión abriendo un comercio en Manhattan, al poco de llegar. Viven pobremente como casi todos los emigrantes en los duros años treinta.

El matrimonio de los padres se separa en 1937 tornando la madre con las hijas a Atenas. María está en plena pubertad y alejarse de su padre y del lugar donde se había criado, le suponen dolor. La madre entiende que el talento de María debe explotarse y la matricula en el Conservatorio Nacional de Atenas. María tuvo que falsear la edad porque aún no tenía los dieciséis que exigían para tomar las clases. Estudió con la soprano  María Trivella  y bel canto con la española Elvira de Hidalgo que se dio cuenta del enorme talento de María. La acogió bajo su protección  formándola durante un tiempo.

La relación con la madre sigue siendo mala. La II Guerra Mundial ha dado comienzo y los alemanes llegan a Grecia, provocando pobreza y miedo. Ante eso, Evangelia anima a María a “confraternizar” con los soldados a cambio de favores económicos. Elvira de Hidalgo le ayuda a salir de la oscura trama que teje esa madre infame. María comprende que debe alejarse de ella y retorna a Nueva York donde sigue residiendo el padre.

En 1942 ha debutado en el Teatro Lírico de Atenas con una ópera de Boccaccio y conseguido ya un gran éxito con Tosca en la Ópera de Atenas. Cuando marcha a EEUU, es 1944 y pretende triunfar en América como ya lo estaba haciendo en Grecia.

En Nueva York la escucha cantar Edward Johnson, rápidamente le ofrece los papeles principales de dos producciones , Fidelio y Madame Buterfly. Parece que María va a triunfar deprisa, pero muestra su carácter perfeccionista, y crítico y rechaza ambas ofertas. Considera que no son las adecuadas para su presentación en EEUU.

Pasa un tiempo  debutando a gusto con Turandot en Chicago. Sigue el éxito, regresando a Europa,  recalando en Italia, en principio, donde conoce a un acaudalado industrial 28 años mayor que ella, Giovanni Battista Meneghini, que comprende la mina de oro que puede ofrecerle Maria Callas con su arte. Se casan poco después, él busca sacar provecho de su talento, ella el apoyo y la familia que nunca tuvo. No deja de ser una pobre niña sin amor que lo busca desesperadamente.  Meneghini se convierte en su agente y María debuta en el Teatro Colón de Buenos Aires, ya como una estrella del bel canto.

Al poco tiempo, le ofrecen el papel de Elvira de la ópera I Puritani aprendiéndoselo en solo una semana mientras interpreta Diewalküre. Italia la considera su voz y comienzan a llamarla La Divina, nombre que ni en los peores momentos de su vida, la niega nadie.

Debuta en la Scala de Milán sustituyendo a la que fue su “enemiga” Renata Tebaldi, con la que siempre mantuvo una rivalidad confirmada en las cartas publicadas en los años noventa. El primer día el público de la Scala es frío…en la segunda representación el éxito es clamoroso. Maria Callas, además de poseer una voz prodigiosa que hace de sus defectos, arte, es una gran actriz, interpreta como nadie los dramas operísticos y tiene un carisma que conquista al público más hostil. El mundo se rinde ante la diosa del bel canto y todos los teatros se la disputan.

La soprano Elisabeth Sehwarzkopf cuando la escucha cantar La Traviata confirma que nunca más ella volverá a interpretar esa ópera, cuando le preguntan por qué, responde: “no tendría sentido hacerlo si María es la perfecta interprete

Sigue teniendo sobrepeso. Las primeras actuaciones nos la muestran como una mujer grande, obesa. Poco después quiere representar, haciendo justicia, a Medea para lo cual se prepara durante un año perdiendo de cuarenta a cincuenta kilos. Cuando torna a los escenarios nadie la reconoce. El patito feo que fue María se ha convertido en un cisne hermoso con una figura perfecta…

Dicen que fue el principio del fin. Esa pérdida brusca de peso, pasó factura a su voz. Visconti ve en ella al ser perfecto para la representación de las operas en el cine. María Callas se convierte en una cantante actriz y mujer de mundo.

En 1954  está en Berlín donde realiza una Lucia de Lammermour histórica junto a Herbert von Karajan. Retorna a EEUU  siendo  demandada por su antiguo agente, reclamándole una alta cantidad de dinero lo cual le produce disgusto. Sus viajes y representaciones son incansables, la mano de Meneghini la  mueve sin tregua. Estando en Edimburgo la quieren obligar a realizar una quinta representación cuando solo le han pagado cuatro, ella abandona y marcha con su amiga  Elsa Maxwell a Venecia donde hay una fiesta que la cambiará el destino…y posiblemente le arruinará la vida.

En esa fiesta veneciana conoce a Aristóteles Onassis, magnate y armador griego, multimillonario feo, bajito y sin atractivo,  que colecciona conquistas de mujeres como piezas de caza. Callas es una pieza muy preciada, la reina del bel canto, triunfante en los mejores teatros del mundo. Invita al matrimonio Meneghini/Callas a su rutilante yate Christina y allí, delante del viejo Menghinni la seduce.

Poco después de conocer a Onassis, María ofrece una representación en Lisboa, con el joven Alfredo Kraus,  de la Traviata que los expertos consideran la mejor realizada en el mundo. El tres de Noviembre de 1951, Callas abandona a Menneghinni por Aristóteles Onassis. Para él es una pieza de caza, para ella es el amor de su vida porque  su marido tampoco le ofreció el amor que necesitaba. En su ruptura dijo de él estas palabras: “Mi esposo todavía me molesta después de haberme robado más de la mitad de mi dinero al poner todo a su nombre desde que nos casamos. Fui una tonta al confiar en él”.

María Callas, no se ha enamorado nunca, ni ha gozado del sexo, su vida ha sido una constante lucha por ser la mejor cantante del mundo, por actuar en los teatros más grandes…Al llegar Onassis con sus prácticas de seductor y la corte que le hace ella quedó sumida en un amor absoluto.

Comienza una vida de fiestas sociales, viajes, y el tormentoso amor que vive con Aristóteles que va socavando su voz y su profesión. Incluso abandona su nacionalidad americana para anular su matrimonio en espera de que el magnate le ofrezca el anillo. No pasa y Maria sufre la decepción de querer formar una familia mientras comprueba que para él, solo es una aventura.

En 1965 Callas está agotada, sus representaciones no son ni la sombra de lo que fueron. Viaja en el avión de Onassis a los teatros sin preparación, no ensaya, bebe, sufre y su voz acusa el vaivén sentimental de su vida. Durante una representación de Norma, el tenor Cosotto se ensaña con ella en un dueto que él domina. Maria fuerza su voz, su energía en la competencia con el tenor y al bajarse el telón cae desmayada. Por agotamiento, come poco porque teme engordar, ha comenzado su ingesta de barbitúricos, alcohol, todo ello lo acusa en escena.

En 1965 realiza la última representación de Tosca en el Covent Garden de Londres. Tiene 41 años, es una diva mundial y decide abandonar todo para entregarse en cuerpo y alma a Onassis. Un embarazo y un aborto la quiebran más hasta que el 20 de Octubre de 1968 Aristóteles Onassis, que de forma abrupta la  ha abandonado días antes, contrae matrimonio con otra pieza preciada a nivel mundial. Jacqueline Bouvier, la viuda de John F. Kennedy que cinco años antes ha enterrado a su marido convirtiéndose en la viuda del mundo. Onassis en un alarde de optimismo dijo en una ocasión: “puedo conquistar cualquier mujer, he conquistado a la Callas, la mejor cantante del mundo. He conquistado a la viuda de América, si quisiera a la reina Isabel de Inglaterra, la conseguiría…” Palabras dignas de un ególatra genuino.

La noticia de la boda de Ari (así le conocían en confianza) la derrumba del todo. Ha abandonado su carrera, ha perdido la voz, que nunca más será lo que fue. Ha soñado construir una familia y se ve despreciada como de niña.  Al conocer la noticia dijo: “No debo hacerme ilusiones, la felicidad no es para mí. ¿Es demasiado pedir que me quieran las personas que están a mi lado”

Su desamparo la sume en una depresión profunda. Hay un intento de suicidio frustrado. Se recluye en París, de donde sale alguna vez para rodar con Passolini, pero ya no canta, intenta reconducir su carrera como actriz, no tiene éxito. Más tarde intenta también impartir clases de canto en América…que fracasa también.

Ha pasado su tiempo. Se encierra en  la Avenue Georges Mandel 36, cerca de Trocadero de donde apenas sale ni ve a nadie. No tiene a nadie, está sola como la niña solitaria que paseaba por Manhattan soñando triunfar.

El matrimonio de Onassis con Jacqueline fracasa estrepitosamente, además pierde a su hijo y heredero Alejandro. El magnate intenta reconquistar a María, al verse solo pero ella lo rechaza. Jamás le perdonó la humillación de casarse con otra. El naviero enferma, ella lo visita y lo cuida en el hospital. Cuando Onassis muere, a María la vida deja de importarle.

 Una mañana desayuna en la cama, se levanta al baño, tiene un gran dolor en el costado izquierdo, se desmaya. La sirvienta llama al médico pero llega cuando María Callas ya ha muerto. Se dijo que fue un ataque al corazón…pero se duda de que fuera suicidio. Durante años María ha vivido consumiendo gran cantidad de barbitúricos sumida en una desconsolada soledad, quizá soñando con los aplausos de los teatros y con el abrazo de Aristóteles Onassis. Es un 16 de Septiembre de 1977. Ha sobrevivido a Onassis solo dos años.

Una triste vida para la mujer de la voz más prodigiosa que ha dado el mundo. Una vida envuelta en la tragedia y el desamor.

Cuando murió fue incinerada en el Pere Lachaise, sus cenizas fueron robadas, y durante tres días desaparecieron. Después de encontrarlas fueron tiradas por el Egeo. María Callas, al morir, tenía 53 años.

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1085 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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