Nunca fui al colegio, María

Nunca fui al colegio, María.

Me hubiera encantado porque yo creo que soy lista.
Mi madre no quiso que asistiera a clase porque yo era la mayor de mis hermanos y mujer, así que estaba claro a lo que me dedicaría.

Aprendí a leer y a escribir con 63 años, en la “escuela de mayores’.
Alli me enseñaron a hacer poemas sobre mi vida y yo tenía mucho éxito con mis poesías; a todas mis compañeras les gustaba que yo recitara y contara cosas de mi infancia pero mi marido enfermó de Alzheimer y tuve que dejarlo todo, todo lo que más me entusiasmaba en la vida y al fin podía hacer, para cuidar de él día y noche.

Mis padres pensaban que yo lo único que tenía que saber en la vida era costura, remendar calzoncillos y calcetines, cocina y labores de la casa, para “no hacer desgraciado a un hombre’.
Tanto me repitieron eso como una auténtica obligación que yo no supe cómo reaccionar cuando mi marido me pegó la primera paliza a los tres meses de casada.

Y yo me pregunto cada día ¿por qué mi madre me enseño a no hacer desgraciado a un hombre y no me enseñó a irme del lado de un hombre que me ha hecho desgraciada a mi?”.

Hay mujeres octogenarias que te comparten interrogantes así y otros más, tan significativos como siete cursos de empoderamiento amoroso para mujeres.

Mujeres feministas avant la lettre, a las que nunca dejaron ser.

Maria María Sabroso

Sobre María Sabroso 35 Artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

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