Dolor de estómago y fiesta valenciana

El hombre tenía  dolor de estómago. Casi nada, pero persistente. Se resolvió a ir a urgencias con la intención de que una pastilla le devolviera a su quehacer,  aunque estuviera en paro y le hubiera prometido a un amigo que lo llevaría a Valencia. No queda lejos Valencia, es un paseo. Luego quizá unas cañas,  una rayita y un bailongo. Poco dolor era aquel para tan grande bazo. Apenas el residente de urgencias le tocó la tripa comprobó que aquello no era normal.  Una ECO de abdomen le saco de la duda. Tenía un bazo inglés.  De los que llegan a las ingles. Bromeábamos con él por este hecho. Ni que decir tiene que había que quitarlo, así que le propusimos ingresar.

-¡Quia!

-Me voy a Valencia. Luego vuelvo y hacéis conmigo lo que queráis.

Así que salió por la puerta dispuesto a quemar la noche valenciana.

Tras quitar el bazo el diagnóstico no era muy halagüeño.  Un linfoma T anaplásico infiltraba su abdomen, su médula,  y disminuía sus posibilidades de supervivencia que estaban en un 25%a los cinco años.

 

Era el noveno de nueve hermanos.  Dejó la casa familiar a los 18 y estaba enganchado a la coca. Había conseguido un trabajo semiestable a los 30 y una novia a la que su familia detestaba. Una madre vetusta, como una vestal fría, le acompañaba sin hablar. Un padre inexistente la relevaba. Los hermanos dispersos y ansiosos por desaparecer apenas concurrían los domingos, llegaban le saludaban con la prisa pegada a los talones y huían del hospital.

Al fin consiguió una remisión completa. Al fin, tras grandes esfuerzos y tres líneas terapéuticas, consiguió limpiarse como para hacer un autotrasplante.

Todo fue rodado. Su novia se marchó a su país con un amigo que tenía más dinero y más caché.  Fue un tratamiento espectacular: se había curado. A veces las historias acaban bien, nos dijimos.

 

Había un dolor de estómago que no desaparecía. Un ligero dolor que calmó con morfina. Su novia no iba a volver. El dolor no se terminaba de quitar. La morfina iba a ser un abalorio que le relataba y le daba el valor que le quitaba el miedo que le ayudaba a dormir.

Y se durmió  un agosto. Curado y sólo.

Texto: María Alcocer

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

1 comentario

  1. Primero es preciso pensar sobre ello, y ahora mismo no puedo hacerlo, a vote pronto es bonito el relato, conmovedoras las circunstancias que por desgracia se dan muchas veces, pero conmovedora también la fuerza de la vida que sale al paso y logra salvarnos a pesar de todo.

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