No acallemos al artista interior.

En lo más íntimo de nuestro ser, está agazapado el duende de la creación. Nos pide a voz en grito que le dejemos expresarse y nosotros sin enterarnos. O hacemos oídos sordos.

Cuando, insistente, llama una y otra vez a nuestra puerta, le damos la espalda.

De un plumazo, lo ninguneamos.

¿Por qué no lo escuchamos? ¿por qué le mandamos callar?

Ignorantes, necios, no sabemos cuánto nos perdemos.

No perdamos más tiempo: elijamos paleta de colores o pluma, tallemos madera o toquemos el oboe, entintemos o moldeemos una pieza, lo que queramos pero, sobre todo, quitémosle ya esta triste mordaza al pequeño artista para que, por fin, pueda pigmentar nuestras vidas con miles de emociones.

Entonces veremos lo Invisible con los ojos del alma.

Entonces esculpiremos en el sueño para que nuestro sueño se haga realidad.

Texto: Dominique Gaviard

Fotografía: Lola K.Cantos.

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