Turismofobia

Últimamente se está hablando de un término que me lleva por el camino de la amargura. Dicho término es la famosa “turismofobia”.

Otro término preparado, orquestado y dirigido a culpabilizar a las víctimas tildándolas de fóbicas, de ser los culpables de la generación de rechazo hacia un colectivo, que muy probablemente, sea el menos oprimido de la historia de Baleares.

Otra idea del neoliberalismo para convertir a la víctima en verdugo y dejar vía libre al agresor. Porque en eso se ha convertido el turismo en Baleares, en una agresión constante a todo y a todos y todas.

No se trata de rechazo u odio al turismo, se trata del rechazo a la desproporción, al abuso de recursos y al destrozo medioambiental. No es ideología política, es supervivencia básica.

“Vivimos de eso” y digo un tajante y contundente: “Me da igual”, porque la actividad económica y su rentabilidad no lo justifica todo.

No se trata de odio, se trata de proporcionalidad, de ley, de normas, de justicia. No de odio. Han conseguido que aquel que hablaba de eso, se convierta en un fóbico, en una persona que es intolerante, que no respeta. Cuando lo único que buscamos es eso.

Hannah Arendt ya alertó de lo peligroso que era tildar de totalitario a algo que no lo es. Vivimos en un país en el que asesinaron a 3 mujeres por violencia machista en un solo día y estamos hablando de turismofobia. Os podéis reír o llorar, lo primero que os salga.

En el escenario de la desproporción y del “aquí vale todo” es una situación por naturaleza incontrolable. Es imposible equilibrar balanzas, es imposible atenderlo todo, es que no hay capacidad.

El año anterior, solamente  en una temporada turística, se multiplicó por 8 la población balear. En solo unos meses. Hay poco más de un millón de habitantes y solo en unos meses vinieron 8’7 millones de personas.

¿Cómo va a ser eso sostenible? Y esto es el capitalismo señoras y señores, producir beneficios porque sí y en modo ilimitado.

Destrozan las playas, destrozan la ciudad, la llenan de basura a toneladas, destrozan el mobiliario urbano, aumenta la comisión de delitos exponencialmente y encima hay que pagarle el médico cuando están de coca hasta las cejas y se tiran por un balcón.

Me revienta que nos planteemos atender o no a un pobre desgraciado que viene de Nigeria, porque claro, no tiene DNI y es ilegal, pero al alemán todo lo que quiera. El nigeriano se quiere operar de un tumor por gusto, pero el alemán borracho y encocado que se ha tirado por un balcón, es una prioridad.

Que los ciudadanos y ciudadanas de Baleares nos quedemos sin viviendas en alquiler que sean rentables y accesibles, para que el dueño de la vivienda pueda especular hasta la saciedad, estafando a los turistas a costa de no garantizar un derecho social como es la vivienda y jodiendo la vida a los vecinos con macrobotellones en los pisos patera, por lo visto, es economía sostenible.

Al igual, no somos nosotros los que tenemos turismofobia, sino que alguno tiene turismofilia. Que no es lo mismo.

Mientras se dan discursos de amenaza terrorista por manifestaciones de colectivos como Arran Palma, no tienden a valorar la violencia real. Ésta no solo es el turismo tal y como lo entendemos, sino todo lo que conlleva. La precariedad laboral, la esquilmación de recursos públicos y la negativa de los responsables a regular una actividad, que hace tiempo ya, es el principal problema de las islas.

El turismo balear es una burbuja, tan enorme como fue la burbuja inmobiliaria. Al tiempo, que la presidenta del gobierno da discursos de promoción de otros sectores estratégicos de la economía -cosa que no ocurre- seguimos apostando por un turismo de borrachera. Cambiando la narrativa se cambia el discurso, pero no la realidad.

Cuidado con los discursos del “turismo de calidad”. No os equivoquéis, para el poder político el turismo de calidad es el turismo con dinero, no el turismo que respeta la diversidad, los recursos, a los ciudadanos y el medio ambiente.

Al tiempo, que se afirma que el turismo es nuestro principal motor, los salarios son precarios, las condiciones laborales de esclavitud, mientras los hoteles de las cadenas más potentes, no pagan ni un duro en impuestos en España.

Es una gran estafa y los hay que dicen que nos vendimos hace tiempo y que ésto, señoras y señores, no tiene solución.

Texto: Antoni Miralles Alemany

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