CATALINA Y LUIS

Mi amiga Catalina era bruja. Y ejercía de bruja. También era periodista y ejercía de periodista. Como bruja, montaba su chiringuito ceca del Manzanares, creo. No estoy seguro porque teniendo la bruja en casa, para qué iba a ir yo a sus dominios. Digo casa y digo periódico. Cuando a mí me tocó la china de dirigir el periódico mejor escrito de este país -tan bien escrito estaba que una vez fui a Turquía para un congreso de escritores y muchos de ellos me confesaron que habían aprendido español leyendo mi periódico- Catalina vino a verme. Yo ya tenía el teléfono en la mano para
llamar a Catalina cuando ella entró por el despacho de la secretaria.
– A mí no me jodas, a esta secretaria te la ha buscado tu mujer.
Eso dijo Catalina y no hay que ser muy listos para pensar por qué.
A Catalina le ofrecí yo escribir a diario la página de la televisión. Para escribir sobre televisión en un tiempo en que había una sola televisión al servicio de su señor, había que tener un corazón revolucionario y nada que perder. Catalina utilizó la información de la televisión para ir más allá y llevarle la contraria a la cosa oficial. No me equivoqué al sustituir a un cura que hasta entonces escribía sobre televisión por Calalina. El cura era bueno, pero parecía una prolongación de la televisión oficial. Y yo quería una Catalina para encabronar un poco al poder.
Sé que Catalina vivió a mil por hora. A veces me entregaba tres páginas por adelantado.
– Es que no voy a estar durante un tiempito.
– ¿ Te vas de viaje?
– Sí. Y además, de gachí.
Aquellos años locos daban para todo, sabiendo beber. Los ingleses beben siempre de pie en el pub, es la única manera de saber cuándo la última te recomienda irte a casa andando sin zigzaguear ni tener que pararte en cada farola. Tal vez por eso yo tuve que decirle no a la nieta de Rubén Darío cuando me pidió los caballos. Eso era patrimonio de El Duende y a mí al Duende no me lo tocaba ni dios, no podría porque El Duende fue siempre una leyenda.
Antes de todo esto, el primero que me dio trabajo con un sueldo fijo en otro periódico fue Luis. Y eso me azuzó aún más. Si yo era un muchacho con tres reportajes diarios, con Luis me convertí en el mismo muchacho con cuatro o cinco reportajes cada día. Cuanto más comes, más hambre tienes a veces.
– El sábado te vas a Sabadell.
Eso me dijo Luis una tarde. Fue cuando yo empecé a vivir en los trenes, en los aviones, y en los hoteles. Mi casa estaba en todas partes. Los días frenéticos en los que Turión les decía a sus amigos en Vigo: este es el que se escribe él solo un periódico.
Con Luis al frente de la sección, yo me hice el Mundial de México de 1970 en el que Brasil maravilló con aquella delantera formada por Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelino. El portero era Félix, pero Brasil podía jugar sin portero. No sé si mis crónicas eran las mejores, pero sí diferentes y las más leídas. Me lo dijo Luis, orgulloso de mí. Como era malagueño, a Luis se le iba la mano al hablar de aquel muchacho al que él había puesto su primer sueldo. Creo que le devolví con trabajo ese gesto.
Hoy me entero por mi vecino Alberto Delgado, el hombre que daba la información parlamentaria en TVE como una ametralladora, que Catalina García Madaria y Luis Prados de la Plaza ya no están con nosotros.
Y qué queréis, estoy más solo.
Valentín Martín
Sobre Valentin Martín 10 artículos
Valentín Martín estudió Magisterio y Humanidades en Salamanca y Periodismo en Madrid. Ejerció la enseñanza dos años y el resto vivió de escribir. Ha escrito 25 libros. El número 26 es un poemario llamado Santa Inés para volver (Versos de la memoria), que recoge la historia de sensibilidades de su pueblo. Periodista, escritor y poeta, ha publicado en la última década libros de relatos como La vida recobrada o Avispas y cromosomas; el ensayo Los motivos de Ultraversal y los poemarios Para olvidar los olvidos, Poemario inútil, Los desvanes favoritos, Memoria del hermano amor, Estoy robando aire al viento, Suicidios para Andrea y Mixtura de Andrea. A caballo entre los años 60 y 70, escribió dos poemarios y dos ensayos: Veinte poetas palestinos y El periodismo de Azorín durante la Segunda República, inicio de un largo trabajo dedicado a la literatura. En Lastura ha publicado en diciembre de 2017 el libro de crónicas y relatos Vermut y leche de teta.

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