La guerra de las pulgas

Me gustaría contarles una excursión de sábado, con comida campestre y buenas amigas. Lo intentaré de la forma más sencilla que conozco. Contando los detalles.

El norte escarpado de nuestro país se cruza de enrevesadas carreteras donde conducir es una tortura. Los ojos se le van a una a los lados o al frente, sin querer, porque la belleza abrupta de montañas feroces y los  verdes brillantes de bosques y praderas, deslumbran. No conducía yo, por tanto mis ojos podían pasear por el camino, una vez que abandonamos la anodina autovía y nos adentramos en la Asturias profunda, camino de los montes del Mazuco, enrevesada sierra en medio de la Cordillera Cantábrica.

Les decía que era una comida campestre… Me hubiera gustado que fuera solo eso. Que los que allí nos dimos cita un veintiuno de Septiembre de 2019,  tuviéramos solo ese ideal en mente. Pero no.

En el Mazuco en Septiembre de 1937, el bando sublevado contra el gobierno legal de la República Española, se concentró en ataque sobre un ejército republicano diezmado y en retirada después de ser derrotado en Santander que se entregó a los sublevados el 26 de Agosto del mismo año. Tropas vascas, asturianas y las cercenadas cántabras andaban por los montes intentando que el frente norte no se rompiera del todo, fatigados y con la moral baja por la reciente  pérdida de Santander.

Las tropas sublevadas avanzaban hacia Asturias a sangre y fuego, bien pertrechados con armas, además del refuerzo que suponía que la temible Legión Cóndor alemana escoltara el cielo que cubría a los combatientes. Escarpados riscos  servían de parapeto al ejercito leal, con los cuerpos macerados por las derrotas y el trecho de muerte que llevaban, defendieron las posiciones como titanes durante días. El 5 de Septiembre, las Brigadas Navarras emprendieron el ataque. Son 33.000 hombres y la aviación alemana, frente a unos pocos miles que conformaban el ejercito legal.

Las tropas leales resisten días y días de asedio y fuego donde son bombardeados sin piedad. A los leales les manda un Guardia Civil vasco, el coronel Juan Ibarrola Arteche;  Solchaga manda en el Batallón Navarro. Se miden como David y Goliat, solo que a este David hasta Dios lo abandona y como no podía ser de otra manera se pierde la batalla. Los navarros llegan a Llanes y poco después cae toda Asturias quedando el frente del Norte en manos sublevadas.

Nuestros niños estudian muchas batallas en las escuelas pero, me atrevería a jurar, que pocos o ninguno conoce la gesta de los leales republicanos en el Mazuco. Esas tropas heroicas que resistieron contra el ataque de la infantería golpista y la aviación alemana.

 

Por eso les decía que mi excursión no era solo una excursión de amigas.  Fue una celebración de Memoria, un aquelarre que nos lleva a seguir recordando a los que cayeron porque nadie muere si es recordado. Y nosotras no queremos  perder el recuerdo de los que lucharon por la legalidad. Sobre manera no queremos  que perezcan las ideas de libertad, justicia, equidad y cultura que supuso para nuestro país la II República. Con sus errores y sus fracasos, pero fue y sigue siendo ejemplo a otras democracias,  por sus leyes,  las reformas y el revulsivo cultural que  lograron en los ocho años que duró, tres de ellos en guerra. ¡Tres en guerra! porque muchos de los adversarios de la República olvidan que tuvo que batirse en una guerra infame y muy desigual, donde las democracias europeas abandonaron al gobierno legal, amedrentadas por Hitler,  gozando los sublevados de todo lo necesario, en hombres y armamento, además de refuerzos de aviación como la nombrada Legión Cóndor (tristemente famosa por el bombardeo de Guernika, pero no solo por eso)

Los niños no estudian en la escuela el heroísmo de esos hombres ni el espanto de un golpe de estado que no triunfa  provocando una guerra que se gana con el apoyo de Hitler y Mussolini. Sí, la URSS ayudó a la República, que ya les oigo…con hombres, un poco de armamento y mucho discurso político. También llegaron las Brigadas Internacionales de forma individualizada y por  medios propios de sus integrantes, algunos también caídos  en el Mazuco.

 

Por eso la comida campestre se revistió de emoción, de recuerdo, de nostalgia…y lo confieso: también de rabia. Hemos sentido coraje por estar allí reivindicando como proscritas (que es lo que somos las que homenajeamos al bando legal) una batalla que debiera estar rodeada de monolitos y arcos de triunfo. Unos millares de hombres enfrentándose y muriendo en defensa de las libertades, como años después fueron las que desembarcaron en Normandía o lucharon en el Pacífico en la II Guerra Mundial.

¿Saben que nos diferencia? que los luchadores de Normandía ganaron la guerra y los del bando legal republicano la perdieron. Por eso hoy no celebrábamos una comida campestre sino un acto reivindicativo y de emocionada Memoria.

Allí tuvimos a aguerridos milicianos de la cuenca minera, a la insigne Maricuela, miliciana hermosa que con sus 101 años tiene fuerza y vigor para pedirnos que sigamos recordando, a Nines Álvarez que  fue juzgada por recaudar fondos para el pueblo palestino…como si el apoyo a los que sufren el mayor campo de concentración del mundo fuera acto punible.

Allí estuvimos los que deseamos sembrar la tierra de libertad e igualdad.

Uno de los organizadores decía que somos como  la pulga en el elefante. Es pequeña la pulga. Casi ni se ve, pero pica y pica y si es constante es posible que incomode tanto al elefante como para hacerlo caer. En ello andamos: picando y picando.

Volviendo a casa, pasamos por la finca Las Carras, donde tenía la ganadería la familia Bedoya, que fue incendiada  sin soltar el ganado. Ardieron las paredes y ardieron las vacas hasta dejar a los integrantes de la familia sin nada. Motivo por el que Paco Bedoya, cuando solo le restaban seis meses de condena, escapó de la cárcel subiendo al monte, a juntarse con Juanín y formar la legendaria pareja de guerrilleros: Juanín y Bedoya. Más historia que los niños no aprenderán en los colegios. Más historia que pretenden hacernos olvidar.

Pero nosotras, ya saben, somos pulgas. Pulgas muy pesadas, que picamos y picamos,  jamás vamos a cejar hasta derribar al elefante. Tenemos buen ejemplo. Hoy los agasajamos en el Mazuco, como en otras ocasiones en Bejes, como en tantos sitios donde dejaron su sangre los que lucharon por un gobierno legal, por las ideas democráticas, por la libertad y la justicia.

Y seguiremos picando, porque las pulgas republicanas  no se cansan nunca.

María Toca.  

 

Sobre Maria Toca 923 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

4 Comentarios

  1. Enrique Ibáñez Sierra, mi padre, sufrió tres años de cárcel en diversos presidios españoles.Tres años de cárcel que suponen la conmutación de dos penas de muerte por haber sido acusado de crear el partido comunista en el pueblo de Boo de Guarnizo en la provincia de Santander. Hoy Cantabria.
    Mi padre trabajó como policía motorizado al servicio de la república española en el frente del norte. cuando las fuerzas fascistas toman Santander, intenta huir a Francia en un barco, que es interceptado en la bocana de la bahía de Santander.
    Su hermano mayor, el tío Alejandro,acompañado de su mujer,logra escapar días antes a Francia, en otro barco. Juan el hermano menor, intenta huir a través de los Pirineos y llegar a Francia, pero le perdemos la pista ahí, nunca más sabremos nada de él.
    Asunción, la única hermana de mi padre, queda en una situación de extrema miseria y decide volver al País Vaco de donde es originaria la familia de mi padre.
    El 7 de enero de 1943, año y medio después de salir de la cárcel se casa con mi madre Teresa Villegas Cobo. Dado el pasado comunista de mi padre nadie le da trabajo.
    El 1 de abril de 1945 , en la calle de San Roque de la ciudad de Santander, nací yo.
    En su memoria

    • Gracias, Enrique, por encontrar acomodo en nuestras páginas para ese recuerdo y homenaje a su padre y toda la estirpe. Que duro fue todo, que triste. Por eso les debemos el homenaje de la Memoria. Un abrazo Enrique y reitero mi gratutud.

    • Me acordé de ti, querida Úrsula. Aunque, quizá, con distancia ideológica hubieras disfrutado. Maricuela, con 101 años y tan lúcida, algunos guerrilleros que siguen en la brecha, viejos pero no derrotados, te hubieran traido aires de tus ancestros. No podemos olvidarlos, ni dejar que sus ideas perezcan.

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