Tarde sin Patria

Esa misma tarde en que se rompieron los diques y que el desencuentro campaba por la España y aledaños orientales, fíjense ustedes que insensatez, un grupo de personas nos hemos reunido a hablar de literatura, de novelas, relatos; hemos leído poesía, criticado el Ulises, coincidiendo varios en el miedo a su incombustibilidad. Mientras la Patria se dividía en una monarquía con atisbos de feudalismo y una república breve como el aire de sus banderas, nosotros nos hemos reído, conocido,  contado cuentos donde mezclamos la Argentina de Perón, la cruzada mitológica de Eva Duarte, con Cortázar, Borges,  mientras una perrilla  nos alegraba la vista pululando por la sala. En una librería. Un espacio sagrado, casi eclesial para muchas, entre las que me cuento. Hablando de libros, de literatura, leyendo versos… Y tan ricamente.

 

Al volver, una se encuentra con la realidad. Con las cuernas de ciervos encelados por saber quién puede más, con la desproporción, con la falta de dialogo y con esos aplausos mezquinos, erráticos, que aplaudían cual ovejas balando el fracaso de la inteligencia, la inanidad de los personajes de este drama bufo que se representaba en el  Senado. Aplaudir el dolor ajeno es de mentes muy pequeñas, pienso. Aplaudir el castigo y la humillación a un pueblo (todo entero, no lo olviden) es tan triste, tan torpe que avergüenza.

 

Reconozco la perplejidad que las semanas vividas me han producido. He ido de la estupefacción al cabreo, de éste al estrés postraumático y de nuevo a la indignación. Escuché charlas de bar donde se pasaba a bayoneta a catalanes varios (reitero, catalanes son todos, los que quieren seguir siendo españoles, también). Escuché acusaciones e insultos a los que solo pedimos respeto al adversario, escucha activa de los diferentes argumentos y análisis de las prerrogativas de unos y otros ¡Gran delito en la tierra de Caín! el dialogo.  Los arregladores de entuertos a garrotazos, han salido como zopencos de madriguera y ahí les tienen ustedes repartiendo estopa como si tuviera alguna utilidad  pretender convencer con la garrota. Ese eco del viejo Unamuno que gritaba a los enfervorizados abuelillos de estos patriotas: Venceréis pero no convenceréis, se escuchaba por doquier. Da igual la historia de desencuentros de más de dos siglos. No ha sido posible la paz. Y la pretenden forzar a base de invadir instituciones, de destituir a los representantes del pueblo y de decreto ley. La vieja garrota otra vez en danza. El cura Merino y el Empecinado por las trochas de la patria, solo que con los brazos tatuados y marcando paquete como fieles legionarios. Y así convencerán a dos millones -por lo menos- de independentistas o indiferentes, de que se queden.

Bien. Nosotras/os, un grupo de  locas y locos de la vida, hablando de literatura en un rincón de una ciudad pequeña del norte de España: Torrelavega, en ese rincón entrañable que es DLibros. Estuvimos destripando #SonCelososLosDioses y El Juguete de Zeus,  con un librero enamorado de los libros y una gente preciosa, que se pararon para leer y oler literatura. Que quieren que les diga, otra forma de hacer patria.

María Toca

Sobre Maria Toca 292 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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